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23 Nov 2014

¿”Reestructurar” o no pagar la deuda? Destacado

Escrito por  Isaac Salinas
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¿Qué diferencia hay entre una reestructuración y un impago de la deuda? Ambas opciones parten de la constatación de la insostenibilidad del pago de la deuda en las condiciones actuales y del obstáculo que supone para una política de reactivación económica y transición del modelo productivo.

Reestructuración de la deuda. Es la nueva apuesta económica de Podemos, reflejada en la resolución “Auditoría y reestructuración de la deuda: una propuesta para Podemos”, firmada por Bibiana Medialdea y otros y que finalmente fue una de las cinco más votadas en la Asamblea Ciudadana. Atrás queda la propuesta de no pagar la deuda en la campaña para las europeas, reflejada en el documento fundacional “Mover ficha (…)”: “Hay que derogar el artículo 135 de la Constitución española y [ejercer] una moratoria para llevar a cabo una auditoría ciudadana de la deuda que determine qué partes de la misma no son legítimas; las deudas ilegítimas no se pagan”. De eliminar la modificación de la Constitución tampoco se dice ya nada, renunciando así a denunciar este grave ataque a la soberanía económica y a la democracia.

Pero vamos al tema que nos ocupa. ¿Qué diferencia hay entre una reestructuración y un impago de la deuda? Ambas opciones parten de la constatación de la insostenibilidad del pago de la deuda en las condiciones actuales y del obstáculo que supone para una política de reactivación económica y transición del modelo productivo. En ambos casos, sería necesaria como condición previa una auditoría ciudadana de la deuda, con tal de arrojar luz sobre su origen y analizar las consecuencias de las posibles soluciones. Pero, si se opta por la reestructuración, los siguientes pasos serían:

  1. Renegociación de los tipos de interés y de los periodos de carencia
  2. Alargamiento de los plazos de vencimiento y amortización de la misma
  3. Quitas parciales

Es decir, mediante un proceso de reestructuración ordenada, “El objetivo no es no pagar la deuda” (Medialdea et al). Más bien se trata de “recuperar un nivel de endeudamiento y una senda de sostenibilidad de la misma que posibilite la recuperación de los niveles de bienestar de la población” (íbid).

¿Un nivel de endeudamiento sostenible? De este modo, la quita se realizaría no sobre la parte de la deuda declarada “ilegítima” (u “odiosa”), sino insostenible. Insostenible en términos de viabilidad económica, que quede claro, dejando de lado el problema de déficit democrático que genera. La reestructuración busca dirigirse a los bancos franceses y alemanes (los principales acreedores) no para decirles “Señores, ustedes han hecho negocio con nuestro endeudamiento y eso se va a acabar porque pagarles a ustedes supone el austericidio de nuestra ciudadanía”, sino “Ya saben que no vamos a poder pagarles todo lo que les debemos, así que busquemos un acuerdo más favorable para poder seguir pagándoles”. Así lo corroboran las palabras de Medialdea: “Es necesario vencer el discurso de que no queremos pagar las deudas, demostrando que no es una cuestión de voluntad, ni tan siquiera de equidad social (aunque también), sino que se trata en primer término de una cuestión de eficiencia económica y de necesidad” (!).

Medialdea et al. obvian en su análisis la responsabilidad de quienes prestan el dinero, que deben evaluar en primer lugar la capacidad de solvencia de quienes piden los préstamos antes de concederlos y deberían cargar con las consecuencias de sus evaluaciones si estas se muestran erróneas.

Y si hablamos del portavoz, Pablo Iglesias, sus recientes declaraciones en los medios de comunicación sobre el pago de la deuda tampoco son esperanzadoras. Últimamente le hemos oído decir moralismos del tipo “Las deudas están para pagarlas” o imprecisiones como “Hay una parte de la deuda que no queda más remedio que pagar” –¿acaso estamos condenadas a permanecer en la UE y el euro?

Juan Torres, que junto a Vicenç Navarro está elaborando un “plan de rescate ciudadano” para Podemos, plantea la necesidad de reestructurar la deuda en toda Europa y hacer una quita en los países de la periferia.  Recordemos que en Grecia, en 2012, se acordó una condonación del 53% de la deuda, pero solo a cambio de un segundo rescate financiero. En consecuencia, la deuda pública ha vuelto a aumentar y el gobierno heleno se plantea actualmente la necesidad de una nueva renegociación de los plazos de vencimiento y reducción de los tipos de interés –de condonación ya no habla, ante el veto de Alemania.

Está claro: entre los deudores y los acreedores de la deuda hay un conflicto de intereses de clase que no se puede resolver mediante el consenso. Solo mediante acciones decididas podemos revertir la situación actual de emergencia social. Necesitamos apoyos internacionales y una estrategia común en la periferia europea, pero para buscar una senda de desobediencia. Podemos debería utilizar su presencia en las instituciones europeas para buscar complicidades con Syriza en base al “No debemos, no pagamos” que viene defendiendo la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda (PACD) y que en los últimos años ha calado en buena parte de la izquierda y los movimientos sociales en el Estado español. Y, consecuentemente, debería apostar por una salida progresista de la UE y el euro y aprovechar su repercusión mediática para hacer avanzar esta estrategia, en lugar de encorsetarse en los límites del “sentido común” europeísta.

Pablo Iglesias y su gente han detectado con acierto la ventana de oportunidad que tenemos ante nosotras. Pero ocupar la anhelada centralidad política e incluso ganar las elecciones generales de aquí a un año no es garantía de cambio si por el camino nos vamos deshaciendo de las herramientas necesarias.

Isaac Salinas () es militante de En lluita / En lucha
http://enlucha.org/articulos/reestructurar-o-no-pagar-la-deuda/#.VHHEcIewEgM

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