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07 Ene 2015

Hannah Arendt en la cresta de la ola

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Muestra de la importancia que la pensadora otorgaba al arte y a la literatura, como reflejos de la realidad.

<< ¡ Realmente, vivo en tiempos sombríos!

La palabra ingenua es necia. Una frente lisa

revela insensibilidad. El que ríe

aún no ha recibido

la terrible noticia.

[…]

Llegué a las ciudades en la época del desorden,

cuando reinaba el orden.

Me mezclé con los hombres en la época de la revuelta

y me alcé con ellos.

Así pase el tiempo

El que me fue concedido en la vida.

[…]

Vosotros, los que surjáis del diluvio

en el que nosotros nos hundimos,

pensad

cuando habléis de nuestras debilidades,

también en los tiempos sombríos

de que os habéis librado

[…]

pensad en nosotros

con indulgencia >>.

( Bertolt Brecht )

 

Le tocaron vivir tiempos oscuros a esta mujer, tiempos en los que  los humanos parecían avanzar (?) sin norte, ni sur claro. No le achantó, no obstante, la situación, o las situaciones, que le tocaron padecer, sino que les hizo frente, manteniéndose siempre au milieu de la mêlée, surfeando las olas políticas, culturales y filosóficas, y no temiendo ir contracorriente con respecto a los pensamientos dominantes lo que le hizo convertirse en una <<pensadora en la intemperie>>.

Tras sus estudios, Hannah Arendt ( 1906-1975)alumna de Edmund Husserl, Karl Jaspers  de Martín Heidegger, de quien fue amén de alumna destacada amante, y sus primeros trabajos filosóficos: su tesis doctoral versó sobre el amor en san Agustín y una novela que rastreaba las huellas del judaísmo en una mujer, Rahel Varnhagen, llegaron tiempos de inseguridad y compromiso; precisamente el que le llevó a colaborar con una organización judía hizo que fuese detenida por la Gestapo. Afortunadamente, y por los pelos, fue liberada  e inmediatamente huyó a París en donde pasó ocho años antes de trasladarse al otro lado del charco, a EEUU, país del que posteriormente fue nacionalizada. Exiliada, que en palabras de Brecht suponía ser << embajadora de las desgracias >>.

Fueron momentos en los que fue tocada por una flojera filosófica, más forzada todavía por su condición de errante lo que le hizo volcarse en la escritura de artículos sobre luminarias del arte, de la literatura, etc., de << momentos estelares de la humanidad >> hablaba Stefan Zweig. Tal dedicación continuó tras su marcha a los USA, hasta que allá logró acceder a la enseñanza universitaria en la que brillaría; brillo aumentado por sus obras en las que incidía en el corte que había sufrido la humanidad tras las experiencias violentas en el viejo continente. Sus obras sobre el totalitarismo, sobre la condición humana, sobre la cuestión judía o sobre la revolución-sin olvidar sus reflexiones sobre el juicio a Eichmann en Jerusalem- en sus diferentes aspectos, etc. supusieron un desplazamiento en su quehacer hacia la reflexión sobre lo político, y los subsiguientes reflejos en el campo de la cultura. Las circunstancias obligaban ya que la mujer nunca escribió en vano sino que lo hizo inscribiendo su trabajo en los intereses que acuciaban a los humanos, en su vida activa. Hannah Arendt, hay que decirlo, se convirtió en una verdadera embajadora, exportadora / traductora del pensamiento europeo en los pagos americanos, del norte y de quienes dentro de él representaban << la luz incierta, vacilante y a menudo débil que hombres y mujeres, en su vida y en su obra, hacen brillar en casi cualquier circunstancia >>; este interés por los géneros literarios se puede observar igualmente en sus referencias, al mismo nivel que las filosóficas, que asoman en sus principales obras: Melville, Conrad, Dostoievski, Kafka, Proust, Faulkner o T.E,Lawrence.

Ya había mostrado esta vertiente de su actividad ( << Hombres en tiempos de oscuridad >> en donde hablaba de Lessing, Rosa Luxemburgo, Juan XXIII, Karl Jaspers, Waldemar Guriam, Isak Dinensen, Hermann Broch, Randall Jarrell, Bertolt Brecht, Walter Benjamín y Martín Heidegger ). Textos como los que ahora se presentan que destacan por su sencillez expositiva, por la contextualización histórica de los autores estudiados, y por la certera presentación que hace de cada uno de los personajes visitados, no se ha de obviar que para ella «ninguna filosofía, análisis o aforismo, por profundo que sea, puede compararse en intensidad y riqueza de significado a una historia bien narrada»; puede observarse que en esta ocasión los personajes políticos y/o filosóficos están ausentes. Ahora ve la luz una recopilación, que reúne ensayos y artículos de diferentes épocas-entre 1930 y finales de los 60-, bajo el significativo, y explícito, título de << Más allá de la filosofía. Escritos sobre cultura, arte y literatura>> ( Trotta, 2014) con una sabrosa introducción- << En la brecha del tiempo >>- de las responsables de la edición, Fina Birulés y Àngela Lorena Fuster. 

Como ya queda señalado para Arendt los temas, y los autores, a los que se acercaba en estos ensayos no eran –por decirlo así- asuntos de segunda categoría sino que en muchas ocasiones eran el modo más adecuado de tomar el pulso a los tiempos frágiles en los que producían sus obras, lejos de la jerga << gran señor >> que adoptaba, de modo creciente, la filosofía académica. Fogonazos en medio de la oscuridad, faros en el desbrujule ambiente, los representados por Rainer Maria Rilke, Robert Gilbert, Bertolt Brecht, Hermann Broch, Bernard Lazare, Nathalie Sarraute, Wystan H, Auden , Adam Müller , y otros flashes que recogen discursos con ocasión de la recepción de algunos galardones o las críticas a algunas obras sobre pensadores del panorama literario alemán; muestran sus trabajos su enraizamiento en la cultura germana, sin escapar a alguna escapada francesa ( se ha de tener en cuenta que Arendt escribía en tres idiomas: en especial en alemán e inglés, sin ignorar su vasto dominio de la lengua francesa).

Somos adentrados en sagaces reflexiones sobre la poesía, la narración literaria, el arte y la crisis cultural a través de los diferentes análisis presentados y reunidos en tres apartados que orientan con claridad el eje de los trabajos agrupados: << La fragilidad de los asuntos humanos >>, << El enigma de las llamas, algunas silhouettes >> y << Responder al tiempo >>.

Desde un indisimulado elogio del verbo poético, que representa la condensación del lenguaje hablado y cuya capacidad de atracción se expande con fuerza, iremos atravesando diferentes mojones de la actividad cultural y sus representantes. Veremos subrayado el proceso de banalización cultural debido a la masificación de la cultura, que hace que los productos culturales sean medidos con los mismos baremos que las mercancías; la facilidad de acceso unida a la multiplicación de su venta masiva..no son, por ejemplo, los compositores de la música popular los responsables del deterioro cultural, sino los negociantes y sus desbocadas pretensiones. Más adelante nos serán presentados, entre otros, Bertolt Brecht y Wystan H. Auden; el primero sumergido en unos tiempos oscuros y abrumado por la inmensidad de la tarea que se veía impulsado a abordar , no mira al pasado sino que se dirige a quienes pueden encabezar una lucha de cara a un futuro digno de ese nombre y digno de una humanidad reconciliada, huyendo de las ópticas individualistas y egoístas para poner el acento en los lazos solidarios y tendentes a una gestión común de los destinos humanos. El segundo, cantando sus alabanzas al lado más humano de los humanos, en vez de dedicarse a despotricar de los males de este mundo y del de sus responsables.

También se nos desvelará el quid del poetizar de Rilke y su tendencia a fusionar a los sujetos con el mundo…el autor de << Las Elegías de Duino>> balancea sus rumias poéticas entre la muerte y la figura de la amada , como formas de salida y como expresiones de una presencia pura, enfocada al futuro y al pasado, como ilación del ser humano. Igualmente destacables son las reflexiones- que sirven de epílogo a << No me he caído de un burro al galope >> de Robert Gilbert- acerca del surgimiento de la vena poética, que si cobra su presencia en los inicios de la niñez ( ahí están las canciones infantiles ), rebrota irremediablemente a lo largo de la vida en momentos iluminados, que los griegos llamarían kairós. El poeta estudiado deja saltar en sus versos el gozo ante la alegría de existir, sin olvidar que como las monedas, la vida es comedia y es tragedia, resultando de ahí que solamente su conjunción entre ambos, entre el reír y el llorar es el modo de existencia y de expresión más adecuado. 

Finaliza este recorrido con un elogio a las miradas propias de Montaigne y Emerson como representantes de una encomiable serenidad, que desentona con la seriedad propia de la mayoría de los filósofos, pero que no se ha de confundir con ningún modo de conformismo con lo dado, sino con una alegría teñida de melancolía tranquila y resignada…con aires inocentes a los que nos veremos obligados a enfrentarnos a lo largo de su lectura; sin obviar las luminosas páginas dedicadas a Natalie Sarraute y a Hermann Broch-  autor de la inolvidable << La muerte de Virgilio>>, de quien más tarde Arendt fue albacea- y sus modos innovadores de afrontar la narrativa. Y…mucho más… 

Certeros ejercicios del pensar e invitación a la reflexión sobre obras / autores y su alargada luz / sombra en los tiempos en que se vieron inmersos, de la misma manera que su sagaz comentadora. 

 

 

 

 

 

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