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24 Mar 2014

Carta póstuma a Adolfo Suárez (el pelota de la clase) Destacado

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Carta abierta al arquitecto de la Transición

Por regla general no me gusta alabar a mis enemigos, tu caso no es una excepción y muy poquitos merecen mi respeto y el calificativo de audaces. La audacia es una virtud muy elástica e intrínsecamente dual: es muy fácil ser audaz cuando se tiene el apoyo de los de arriba o se rema en la misma dirección, cuando se es audaz políticamente desde abajo, la cosa generalmente no termina bien y la audacia sin la cartera llena suele acabar en aventurismo, en marginalidad o en suicidios políticos. En el mejor de los casos termina en un alcalde guai como Tierno Galván. Por eso, desde el principio de los tiempos, las cartas están marcadas y muy poquitos han conseguido vencer contra esa baraja trucada; Lenin, Castro, Chávez... 

Siempre fuiste un tonto útil, un mandado, un mayordomo fiel que sabía cuando retirarse sin hacer ruido, un amo de llaves. Oír, ver y callar. Y ladrar cuando el patrón lo pedía y la cosa se ponía fea. En resumidas cuentas: un capataz. Y los que hemos visitado el tenebroso mundo de las fábricas y talleres sabemos bien cómo era el capataz: peor incluso que el patrón, pues su complejo de culpa e inferioridad al carecer de propiedades y linaje, lo convertía en una bestia arribista y sin escrúpulos capaz de dar la vida por la empresa. Una empresa llamada España, vertical y autoritaria, construida sobre pactos de silencio y cunetas llenas de antifascistas y demócratas, maquillada a golpe de Transición en una democracia cercenada que encontraba su razón de ser en pelotazos urbanísticos y chanchullos de toda índole. Tocaba ser dócil y leal a la causa, en eso fuiste el mejor: arquitecto del olvido e interiorista de sueños oligárquicos. Hasta para ser falangista fuiste un moderado, un falangista soft, de los que no abren latas de conservas con la punta del prepucio, de los que saben subirse al carro vencedor aunque ello implique legalizar a un PCE extirpado de su esencia que abandona el republicanismo y el leninismo y manda guardar silencio pese a tener los muertos calientes encima de la mesa. Nosotros (y permíteme el chiste) no olvidamos a las cerca de 500 víctimas que perecieron a manos de las fuerzas de seguridad y grupos paramilitares de extrema derecha en esa farsa que orquestaste llamada Transición. Y todavía tenías la desfachatez de definirla como pacífica e hija del consenso. ¿De qué consenso Adolfo? No hay consenso cuando a los muertos se los mata dos veces, primero física y luego institucionalmente. Si alguna figura te define de forma fidedigna es la de pelota, el pelota de la clase. El hijo del tendero pequeño-burgués que nunca hacía novillos, que siempre llevaba los deberes al día, que siempre se acercaba con respeto y sincera admiración al rico de la clase, que nunca respondía al profesor. Eres el paradigma, el sujeto modelo de esa clase media que, en palabras de Fromm, aupó a Hitler por miedo y pura desidia. Pero tú no sabes quién es Fromm, fuiste poco de biblioteca y mucho de despacho. Siempre correcto, discreto, en definitiva, insultantemente mediocre.

Fuiste como Agustín González en Los Santos Inocentes, el capataz de la finca que hace la vista gorda aun cuando su mujer se la pega con el señorito, un perrito fiel que ladró cuando se lo pidieron y supo sacrificarse por sus amos. Representas las antípodas políticas de héroes como Marcelino Camacho, representas al cobarde que no se atreve a morder la mano que le da de comer, todo en aras de un fin supuestamente superior. Un perro domado y bien domesticado que se dobló cuando se lo pidieron.

Los mismos que te quitaron de en medio cuando dejaste de ser útil, llorarán tu marcha con pueril cinismo desde los despachos y las cloacas del poder; en los barrios, en las calles y en los centros de trabajo nadie llorará tu pérdida. Dale recuerdos a Franco y dile que el régimen con el que soñó, se deshace a pedazos y muere contigo.

Modificado por última vez en Martes, 25 Marzo 2014 09:03

Comments  

+2 #2 Cojo Manteca 2014-03-25 19:42
Estoy de acuerdo en casi todo. Pero creo que antes que idealizar a Marcelino Camacho deberias revisar el papel de CCOO en la transición bajo su mandato, como sindicato entonces correa de transmisión del PCE, Camacho fue un secundario de Carrillo y acepto y firmó TODOS los Pactos de la época. Desde los políticos de la Moncloa a todos los Pactos Sociales. Que Marcelino estuviese en la cárcel, fuera un hombre honrado y mil veces mejor que sus sucesores (Gutierrez, Fidalgo y Toxo) no le quitan su corresponsabilidad en la farsa de la Transición. Dirigía el sindicato más potente y opto por la concertación y el pacto frente a la ruptura y la confrontación.
+4 #1 Richard Sorge 2014-03-25 10:14
No puedo estar más de acuerdo con este retrato sin contemplaciones de Nega del magnficado hasta el delirio, Adolfo Suárez. Ese coro de cretinos neofascistas que hoy le ensalzan hasta el estrépito, ocultan deliberadamente los crímenes que su gobierno perpetró contra decenas de trabajadores, estudiantes o simples resistentes antifascistas en la repulsiva "transición" española. A pesar de los pesares, de la orquestada campaña para encumbrar su figura, la transición fue un completo fraude y engaño que urdieron la CIA, Felipe González, Carrillo y el travestido fascista Suárez. Y lo hicieron a base de represaliar vilmente con sus esbirros policiales y parapoliciales. El consenso, como dijo Puente Ojea, fue la mayor trampa de la historia moderna de España. Y hoy nos vomitan las bondades del ex falangista Suárez y aquel proceso turbio, sucio y amañado.

http://uraniaenberlin.com

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