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02 Jun 2014

Podemos: la "casta política" y la lucha por la hegemonía Destacado

Escrito por  Marcos Martínez Romano
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Un análisis sobre cómo Podemos está consiguiendo obligar a sus adversarios políticos a moverse en su marco discursivo construido durante estos meses y de como esto puede ser el comienzo de la lucha por la hegemonía en el eje discursivo de la sociedad y la política

Desde la irrupción del proyecto político ‘Podemos’ a finales de Enero de este año, que ya analicé aquí, muchas han sido las reacciones al respecto. Una de las críticas más recurrentes que durante estos meses ha recibido Podemos ha sido hacia su forma discursiva. Los conceptos manejados en el discurso habitual de las caras visibles del proyecto, encabezados por Pablo Iglesias, no han sido del agrado de una gran parte de la izquierda. Desde una buena parte de militantes de IU, pasando por una interminable serie de partidos comunistas situados fuera de la coalición de izquierdas, hasta algunos sectores de las distintas izquierdas soberanistas del Estado español, el rechazo frontal ha sido la actitud más generalizada hacia un nuevo marco discursivo construido por los promotores de la iniciativa política.

Términos como “casta política”, apelaciones a un sujeto tan indefinido como “la gente” o llamadas a disputar el “sentido común” de la sociedad actual no encajaron bien en los esquemas mentales de muchos activistas de la izquierda tradicional. Personas formadas políticamente de manera fundamental en los manuales clásicos, que sólo nos pueden seguir siendo útiles en la medida que sean leídos y analizados desde nuestras circunstancias actuales y aprovechados para construir nuevos relatos acordes a nuestro contexto.

Sin embargo, el objetivo de Podemos no era conectar con esta pequeña parte de la sociedad más concienciada que, sin embargo, en muchos casos se encuentra separada de la lógica de la mayoría de la población. Ni siquiera era intentar aglutinar a todas las corrientes de izquierda situadas por fuera del Régimen para conformar un frente de izquierdas. Desde el principio, los rostros visibles del proyecto dejaron claro que el objetivo trascendía la unidad de la izquierda y se encaminaba hacia la unidad popular. La unidad de la mayoría social desposeída, que sufre las políticas austericidas de unas élites políticas emancipadas de sus representados, y su articulación en una mayoría política.

Para ello, y fruto de un largo y arduo proceso de estudio, análisis de la situación actual en el Estado español y aprendizaje de las experiencias populares latinoamericanas en los últimos años, Podemos irrumpió en la escena política con un lenguaje innovador que logró conectar con una gran parte de la desafección existente por abajo hacia el estado actual de las cosas. Desencanto que no encontraba ningún cauce por el que expresarse, ni mediante la participación en las opciones políticas existentes, ni a través de las instituciones del Régimen del 78.

De esta manera, durante estos sólo cuatro meses, se ha conseguido iniciar la formación de una base social en torno a una serie de demandas insatisfechos muy variadas. Estas, han conseguido agruparse en torno dos figuras principales: el protagonismo de Pablo Iglesias como “líder mediático” que trasladó la voz y el sentimiento de esta mayoría social desposeída a los grandes medios de comunicación; y la creación de más de 400 círculos alrededor del Estado español y otros territorios europeos y latinoamericanos como herramienta para encauzar la participación ciudadana, como método para ir construyendo ese músculo popular tan necesario para cualquier opción política transformadora.

Volviendo al terreno de lo discursivo, de entre los varios conceptos que en estos meses se han ido generalizando y más han chocado con las concepciones de gran parte de la izquierda tradicional, el de “casta política” ha sido uno de los más controvertidos. En mi opinión, uno de los grandes éxitos de Podemos ha sido generalizar su uso dotándole de un contenido orientado a la recuperación de la democracia y la soberanía popular, revirtiendo el significado que hasta hace poco tiempo se le atribuía generalmente a ese concepto.

Se ha logrado actuar como muro de contención de la idea que con “casta política” se trasladaba a la sociedad de forma mayoritaria por el monopolio del uso del concepto por parte de los sectores de derecha o extrema derecha: un discurso "antipolítico" disfrazado de regenerador de la política que bajo el odio hacia ésta reforzaba la idea de su carácter negativo, propio de opciones como UPyD o Ciudadanos. Por lo que contribuía a expandir la idea de lo positivo de dejar las decisiones que nos afectan a todos en manos de unos pocos.

En oposición a ese discurso antes dominante, se ha construido una imagen de la “casta política” como esa élite de los partidos del Régimen que, queriendo dar la sensación de divergencia en sus programas y sus formas, llevan años gobernando estando de acuerdo en los aspectos fundamentales. De acuerdo en gobernar al servicio de poderes no elegidos por nadie en vez de para los ciudadanos a los que debieran representar y servir.

Con lo que, de este modo y para evitar esto, se ha conseguido que la política comience a ser vista como una faceta fundamental en nuestras vidas de la que todos debemos ser protagonistas si no queremos que nos la robe esa “casta” que gobierna al servicio de las élites económicas. Élites gracias a las cuales se enriquecen legislando en nuestra contra, empeorando cada vez más nuestras condiciones de vida.

Además de esto, pero unido a ello, después de los buenos resultados electorales conseguidos por Podemos el pasado 25 de mayo, los enemigos políticos (los partidos de la casta y las opciones "regeneradoras") están viéndose obligados a jugar en el terreno discursivo construido por Podemos. Esto es el primer y fundamental paso hacia la victoria, el comienzo de la batalla por la hegemonía cultural en el eje discursivo de la sociedad y la política.

Sin embargo, como acabo de citar, esta operación está sólo en su fase inicial. Este inicio en la lucha por la hegemonía cultural a través de este nuevo relato construido es necesario que lo llenemos de contenido transformador en cada realidad para que siga esparciéndose por cada territorio. A partir de ahora, en cada lugar concreto y partiendo de nuestras condiciones concretas nos toca aprovechar esta gran operación discursiva llevada a cabo durante estos meses para introducir en el lenguaje común los problemas cotidianos que sacuden nuestra vida en nuestro entorno.

Más allá de los resultados del 25 de mayo, ya estamos pudiendo con ellos. Sin embargo, como una y otra vez repiten las caras visibles de Podemos en los medios, y repetimos todos los compañeros que participamos de Podemos en el Círculo de Santander, “esto es sólo el principio” y la guerra de posiciones sólo ha hecho que comenzar.

Marcos Martínez Romano. Miembro del Círculo Podemos de Santander y militante de Regüelta Cantabria

Modificado por última vez en Lunes, 02 Junio 2014 12:16

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