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29 Ago 2014

Disputas anarquistas

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Precipitada presentación , a raíz de la lectura de un par de libros, de un debate cuyo eje es la distinta comprensión del anarquismo.

No se debe a mi veterana afición a meterme en charcos, propios y ajenos, lejanos y cercanos, la que me conduce a introducirme en lo que pudiera ser una discusión entre anarquistas, dentro de cuyo conjunto sería exagerado mantener que me hallo incluido al menos de manera tajante, sino fundamentalmente si penetro en este terreno es forzado-es un decir- por mis lecturas constantes, de los libros de Michel Onfray, de los que he dejado repetida constancia en esta misma red, y la coincidencia que ha aparecido un libro crítico con respecto a él y a su visión del anarquismo, y de otras cosas. Perdóneseme que hable de moi-même pero creo que en este caso está absolutamente justificado para centrar el carácter de estas líneas en las que pretendo aclarar unas críticas, que  bajo la bandera negra de los ácratas, se dirigen fundamentalmente al modo de defender el espíritu libertario de Onfray y las críticas que , también reclamándose del mismo espíritu, se le hacen. En este orden de cosas, y el que avisa no comete traición, cierta incomodidad e incertidumbre me acompañan a la hora de encarar el tema; y vayamos por partes. Vayan también de entrada un par de sentencias que creo que se han de tener en cuenta en este asunto como en todo en general: uno, simplificar ( o amalgamar) es mentir, y dos, apropiándome de la ocurrencia del siempre ocurrente oscar Wilde, lo contrario del matiz es la barbarie. Añadiré, todavía antes de entrar en el pleno del debate planteado, que fe es creer lo que no vemos y que, aprovechándome de la afirmación de Adorno, el todo es la no-verdad. Pues bien, vamos allá por partes, si es que soy capaz.

 

El anti-Onfray

 

El libro del defensor del << suranarquismo>> ( Michael Paraire: << Michel Onfray, une imposture intellectuelle>>. Les Éditions de l´Ëpervier, 2013) deja claro, desde el propio título, por donde van a ir los tiros: el centro de los ataques es el filósofo normando y el empeño del autor va a ser, desde el inicio, mostrar que el criticado es un impostor que vende gato por liebre y que con el apoyo mediático, y su inmenso narcisismo, no hace sino extender pura mercadería reaccionaria y anti-anarquista. 

El ataque se inicia con la creación, o más bien la utilización de un molde clasificador ( mejor podría decirse descalificador), que supone que todo lo que esté dentro de dichos límites es rechazable y es pura falacia; así lo de la galaxia post, y todo lo que huela a nietzscheísmo no conduce más que a la destrucción de la razón ( Grigory Luckacs y Domenico Losurdo al apoyo, y los cazafantasmas -que diga los cazaimposturas  , con cuya cita, de Sokal &Bricmont, inicia su atque),  a la vez que conduce , en consecuencia, a la renuncia de cualquier propuesta emancipadora, y por supuesto anarquista. Sostiene Paraire que Michel Onfray es un destacado ejemplo de lo anterior, y es un deber para quienes luchan por un futuro de libertad desenmascararlo. A ver. Si que es verdad que a veces a uno le da por pensar, con perdón, que se podría aplicar al filósofo lo que Fernando Pessoa decía de un colega: << por la boca muere el pez y…Oscar Wilde >>, y es que es difícil estar en todos los frentes, dominar todos los terrenos al tiempo que prodigarse abundantemente por ahí.

Nadie podrá dudar de que Michael Paraire ha leído al autor de << Le Postanarchisme expliqué à ma grand-mère>>. Galilée,2012) de cabo a rabo y que en algunas ocasiones resulta absolutamente convincente, y documentado, al señalar los  gazapos-por calificarnos de un modo relativamente neutro- y escoramientos forzados a los que somete Onfray a algunos pensadores con el fin de hacerles coincidir con sus propuestas hedonistas y libertarias. Así pienso que en lo que hace a la caracterización de Spinoza como << libertino barroco >>, la razón asiste a Paraire, que muestra que la cosa resulta pelín ( de grueso como un chorizo de Pamplona) forzada por  no decir inexacta hasta las entretelas; asociar el pensamiento spinozista con  cualquier forma de hedonismo y más en concreto con la filosofía de Epicuro…es sin lugar a dudas pasarse de frenada; << concluye <Onfray con un contrasentido completo sobre el autor del Tratado teológico-político. ¡ Un materialista ateo, discípulo de Giordano Bruno y de Descartes en física pero estoico en ética,  ha devenido , como por arte de magia, bajo la varita de Onfray, en un epicúreo hedonista ! >>. Y siento tener que dar la razón al crítico ya que las posturas de Onfray, en general, me resultan simpáticas, ya que suponen una apuesta por sacar la filosofía del panteón académico, con su oscura jerga al uso, y convertirla-como lo fue en ciertas épocas históricas- en una guía par la vida buena, además de rescatarla del blablabla jaculatorio del neo-kantismo derechohumanists tan en boga en los pagos hexagonales, mas… amicus Plato sed magis amica veritas. Y en este, como en algunos otros aspectos, que voy a señalar sucintamente, no cabe la menor duda de que se ha de dar la razón, matizada muchas veces, al crítico. 

La tendencia a simplificar los campos, y los pensamientos, filosóficos y arrastrar a su borde a filósofos  varios en los que él ve hedonistas, libertarios, materialistas, etc., peca a veces de parcial, y en sus equilibrios de superficie podría hasta considerarse que trampea con frecuencia. El método utilizado, de <<hapax existencial>>, que convierte una anécdota en algo esencial en la vida y en el pensamiento de los filósofos no parece el camino más riguroso para exponer el pensamiento filosófico y así muchas veces su manera de escribir la historia de la filosofía se queda en lo superficial, en lo anecdótico, en lo people.  Este sistema, Paraire, lo achaca al seguimiento que hace Onfray de Nietzsche y…de Sainte-Beuve. Sea como sea, las señas de su identidad, las de Onfray, en su modo de escribir la historia  pueden desembocar  por la vía rápida en unas explicaciones subjetivistas, sin rigor, ni status filosófico mayor, lo dicho no me atrevería a decir, como lo hace su enfurecido crítico que << las razones por las que las biografías trucadas , los presupuestos reaccionarios, la cerrazón metodológica sobre una historia literaria polucionada por el conservadurismo no podían eternamente imponer una aproximación unívoca al hecho literario>> [ habla de Sainte-Beuve al que,  según Paraire, Onfray sigue en la metodología] lo que le conduce a realizar << una glosa ampulosa, una erudición de bazar, un método policial e inquisitorial, vestido de una retórica fáctica, reductriz y tramposa >> , para concluir afirmando que << estos retratos de los filósofos son retratos à la Sainte-Beuve, caústicos, agrios, demagógicos. En este sentido se puede decir que, en el plano del método, la filosofía de Onfray no es más que una serie de notas a pie de página a las obras del gran crítico literario o una versión falsamente filosófica para revistas del corazón>>. Aun pasándose más de un pueblo, el diagnóstico sí que roza la diana…sin significar esto que las insuficiencias del quehacer del normando en el terreno de la historia de la filosofía sean consecuencia directa de su veneración nietzscheana, ni de su respeto por los autores etiquetados dentro de la french theory, que Onfray sea seguidor de Sainte-Beuve, en fin…Lo que no se puede, ni se debe, es amalgamar y así comparar a nuestro hombre con los << nuevos filósofos>> o con otros filósofos de actualidad hexagonal, cuando la línea defendida por Onfray se sitúa en las antípodas, a pesar de las simplificaciones, del campo político por el que caminaron y caminan los otros. El carácter intempestivo, rebelde e insumiso, con sus contradicciones y ciertas incoherencias debidas al calentamiento de boca, no se puede negar al filósofo criticado.

Sin pasar lista, ni tratar de ser exhaustivo, sí que algunas de las críticas realizadas por Paraire son consistentes y parecen de recibo, y las nombro de corrido: ciertos embellecimientos de los Grenier, o Palante, que son arrastrados al campo propio sin dar una visión mínimamente competa de ellos y obviando casualmente los aspectos menos presentables. En este terreno no le falta la razón  al crítico, cuando señala que Onfray usa dos varas y dos medidas: es decir, embiste contra Freud y utiliza abundantes argumentos ad hominem que le salpican en lo personal y en lo político, no aplicando el mismo rasero con su adorado Nietzsche, pues éste quedaría anulado como un verdadero reaccionario( como lo han hecho Luckacs o Losurdo a los que, rietero, Paraire recurre). El elogio onfrayano de Camus, convirtiéndolo en un libertario y neitzscheano de izquierdas solar, sin forzar las cosas, puede considerarse tal encasillamiento como problemático, más si se hace a costa de una empresa de derribo de Jean-Paul Sartre que en algunos casos llega hasta los límites de la indecencia ( me refiero , y no es la primera vez que lo hago, a las lecciones de higienismo que imparte Onfray, al señalar como causa de la incontinencia en la vejez de Sartre, a su consumo desmedido de anfetaminas en su juventud creadora); se arroja à la poubelle al autor de << La naúsea>> por su apoyo a regímenes dictatoriales, cuando indudablemente su relación con el comunismo << oficial >> fue más problemático de lo que pretende Onfray, que se olvida de otros muchos aspectos, y posicionamientos, positivos de quien dijese Deleuze que << siempre, en todas las luchas, estiraba por el centro>>. Tampoco es meridianamente ( ni mediterráneamente) claro el carácter solar y hedonista del autor de << La peste>>, y baste añadir a la obra que nombro << Calígula>>, << El extranjero>>, << El hombre rebelde>> para subrayar más que el brillo del sol, las sombras de las zonas oscuras de los humanos, y el tono trágico del franco-argelino.

Tampoco le falta razón a Paraire cuando critica, a mi modo de ver con absoluta pertinencia, la visión esquemática , maniquea y anacrónica que Onfray presenta de los héroes de la Revolución francesa: los despellejes absolutamente escorados y unilaterales de Robespierre, de Marat o de Saint-Just más que otra cosa,  son presentados como los malvados protagonistas de una película de terror ; a los nombrados, sin mayores matizaciones, los convierte en los adelantados predecesores de los totalitarismos que más tarde llegarían. Esta furia le lleva, al contrario, a considerar como el colmo de << lo sublime >> a la mujer que asesinó a Marat, cuando queda claro que la señora Corday nada tenía de justiciera libertaria, ni nada por el estilo.  Algunas tajantes opiniones acerca del marqués de Sade ( sobre el que por cierto acaba de publicar un libro: << La passion de la méchanceté. Sur un prétendu divin marquis>> . Autrement, 2014; que los pase nada a Bataille, Barthes, Lacan, o Foucault), se sobran por todas las esquinas; recuerdo, no sé si leído u oído, al normando usar el argumento de que no era casual si lectores y glosadores de Sade habían apoyado algunos regímenes dictatoriales, y nombraba, entre otros, precisamente a algunos de sus filósofos admirados ( creo recordar que a Foucault y a Deleuze, por ejemplo). Tampoco es de recibo- y en alguna ocasión anterior lo he señalado- la interpretación que tomando las crónicas de Hannah Arendt, y las necias palabras de Eichmann sobre el imperativo categórico kantiano, hacen que dé por bueno el ortodoxo kantismo del cabecilla nazi, y de paso – y esto es ya dar un salto mortal y medio- convertir al de Königsberg en antecedente del nacional-socialismo. No nombra el crítico Paraire el retrato idílico, y casi pastoril, que Onfray hace del utilitarista Bentham, en su contra-historia, olvidándose de su directa colaboración en la domesticadora arquitectura del poder ( aspecto subrayado en la introducción al << Panóptico>>, realizada por Michel Foucault en un texto titulado << el ojo del poder>>), etc. etc., etc.

Si el autor crítico considera a Onfray como <<anti-filósofo>>, << anti-historiador>>, al final le considera  como un << anti-anarquista>> de tomo y lomo, y para ello pone el dedo en varias llagas del discurso onfrayano. Resulta claro que las afirmaciones de Onfray tanto en su << Manifeste hédoniste>> y en su << Postanarchisme…>> sobre el capitalismo son de una ramplonería que claman al cielo: según  él resulta un dogma infumable mantener que << el capitalismo es un momento en la historia del mundo, y que es preciso abolirlo… >> para añadir a continuación que << el capitalismo constituye la verdad insuperable del cambio desde que el mundo es mundo>>, para concluir manteniendo para pasmo de Paraire, y del que esto escribe también, que puede haber un << capitalismo libertario…del mismo modo que hubo un capitalismo soviético o un capitalismo ecológico>>. No hace falta ser marxista ( ni haber leído ni siquiera los caricaturescos cuadernos de Marta Harnecker) para saber de la existencia de diferentes sistemas de explotación a lo largo de la historia…Con sus más y sus menos, Paraire lo explica con claridad y con tino, acabando por comparar a Onfray con Dühring, a quien Engels le convirtió en el capacico de las ostias…Otra de las espinas que provocan sarpullidos- y que son sacadas a relucir por el crítico- son las declaraciones de Onfray declarándose << sionista pro-palestino>>, indudablemente tal afirmación es rizar el rizo y aspirar  a la realización de la cuadratura del círculo ( le vi en un programa de televisión, tenso en extremo, decir que era una absoluta mentira decir que el sionismo era expansionista ya que él había leído a Theodor Herlz  y sus posturas no lo eran…no entraré a rebatir semejante bobada, pero baste acogerse , por una vez , a aquello de san Mateo, citando al otro: << por sus hechos los conoceréis>>)  . Tampoco sale muy bien parado el normando ante su apresurada y superficial denuncia de los chicos implicados en el oscuro affaire Tarnac, sin hacer alusión al nefasto montaje que habían urdido los flics y sus jefes, etc., etc., etc.

 

 

Suranarquismo versus postanarquismo

 

<< La anarquía esta extraña unidad que no se dice más que de lo múltiple >>

( Deleuze et Guattari)

 

Si la primera parte  es la que da título al libro, en la segunda, presenta su propuesta de suranarquismo, que está en las antípodas de lo que él considera el anarquismo de salón de Onfray. La propuesta queda clara: << el suranarquismo, colectivista, materialista, sintético, claro, estructurado, apoyado sobre el desarrollo de la metodología de las ciencias modernas>>, se alza frente al << postanarquismo -que según dice- es individualista, vitalista, dionisíaco, ecléctico, confuso, versátil, oportunista y desfragmentado>>, reivindicando frente a los Derrida, Foucault, Lyotard o Deleuze, los Carnap, Russell, Bachelard, Sartre y Chomsky. Propone su <<trinidad >> frente a la <<trinidad individualista>> propuesta-según él- por Onfray la suya sería la compuesta por Bakunin, Proudhon y Kropotkin; y … Durruti, García Oliver, etc.

 

Puede afirmarse que algunos de los nombres citados, como si perteneciesen a dos bloques impermeables  que se repelerían como el agua y el aceite, no lo son tal y así más que restar es preferible, y posible, sumar,  no resultando contradictorio unir a los primeros con los segundos…siempre que no se piense-como lo hace Paraire- que los pensadores post son la encarnación de todos los males, unos irracionalistas para los que todo vale, y que abren las puertas al dominio de la reacción. La verdad es que en lo que hace a este tema, la postura de Onfray resulta más civilizada y desde luego menos panfletaria; y tampoco creo que le falte razón al defensor del postanarquismo al señalar cómo existen un <<anarquismo del resentimiento >> y un <<anarquismo de la utopía >> que no hacen sino repetir- con un espíritu gregario sin par- siempre el mismo catecismo y… pancarta va y pancarta viene en un iluso maremagnum grupal que les hace pensar que la emancipación está a la vuelta de la esquina, pues solo oyen sus voces y las de sus cercanos colegas. La propuesta de Onfray de abandonar las viejas militancias, los discursos hechos y con respuesta a todos los problemas, y adoptar las visiones micro, rizomáticas, que en su multiplicidad y diseminación vayan asentando el << principio de Gulliver>> ( ¿ dónde queda ahora el Palacio de invierno ? ¿ dónde está el poder: arriba, o distribuido de manera molecular, molar,,,nos guste o no?), que responde al de los pequeños combates y los diferentes sujetos-liliputienses- que tratan de vencer al gigante; todo este planteamiento me resulta de gran interés y me parece más creíble que la repetición una y otra vez de la misma  vulgata, sea esta del signo que sea; es obvio que a Paraire le revienta todo esto al igual que la inclinación que Onfray muestra hacia los métodos no-violentos. En este orden de cosas, los Pierre Bourdieu Michel Foucault, Gilles Deleuze et Félix Guattari, Jacques Derrida o Jean-François Lyotard, frente a lo que pretendan los guardianes de las ortodoxias ( libertarias o autoritarias) han propuesto caminos de pensamiento que hacen posible alejarse de los terrenos trillados y explorar nuevas maneras de encarar las situaciones, invitando a penser autrement. La abierta reivindicación de estos pensadores por parte de Michel Onfray me alegra desde el punto de vista de que en sus primeros escritos ( << El tratado del rebelde>> o << El anti-manual de filosofía>>, por ejemplo, se refería con afecto a algunos de ellos y a algún situacionista belga ) , más tarde ha dejado escapar  algún improperio sobre alguno de ellos, o sin dirigirse directamente por su nombre ha  embestido, por ejemplo, contra el conjunto de << los heideggeranos >> ( ¡ ay Derrida!) por ejemplo…; no seguiré, pero no me parece de más señalar que se cuela un crujido entre la manera de concebir la historia de la filosofía por Onfray ( filosofía = biografía) y el recurso a estos pensadores cuya obra desde luego nada tienen que ver con sus respectivas vidas ( a no ser que se pretenda como hizo algún morboso biógrafo-por llamarlo de algún modo- de nombre Miller, que explicaba la obra de Michel Foucault en base a sus andanzas personales…por los márgenes…) sino más bien dedicados a su tarea de << intelectuales específicos>> lo cual, obviamente, no les impedía mostrar su compromiso cívico ( y si lo digo en pasado es debido a que todos los nombrados hayan muerto, aunque sus obras sigan vivitas y coleando). 

Con respecto al papel  de la filosofía, desde sus orígenes ésta podía considerarse desde una doble vertiente: etimológicamente << amor a la sabiduría >>, y también-especialmente desde las escuelas éticas post-aristotélicas- como <<una forma de vida >>, un aprendizaje que pretendía conducir a la felicidad…del hombre sabio, esculpiéndose a sí mismo. Digo esto ya que el empeño por otorgar presencia a la filosofía en la vida cotidiana me parece loable, pero esto no ha de hacer olvidar que el quehacer filosófico ha de, o puede , tener en cuenta ambas vertientes, siempre que queramos evitar el escore, se habrá de caminar con ambos pies de manera que no asome la cojera…o en caso de cojear que se cojee de los dos.

En lo que hace a la << trinidad individualista >>, que Paraire endosa en el haber de Onfray, no parece que sea del todo justo, ya que además de los Stirner, Palante y Grenier ( que al menos son, no uno más como los mosqueteros, sino cinco si se suman  Nietzsche y Camus), Onfray propone en su << Postanarchisme…>> otras << lecciones >> a tener en cuenta, lecciones debidas a Godwin, Proudhon, Louise Michel, Bakunin, Kropotkin, Thoreau, Eliseo Reclus, Sébastien Faure, y…no sigo. De modo y manera que es una absoluta falsedad atribuirle su cerrazón en la trinidad antes mentada; la mirada de Onfray se muestra plural y abierta a las diferentes concepciones que conviven dentro de la galaxia libertaria, sin acogerse a ninguna doctrina única emanada de alguna << Iglesia>> que señale lo que hay que hacer, y lo que no,  y que marque cual es el camino de la salvación y cual el de la perdición. Del mismo modo que Onfray se pronuncia alto y claro por << un socialismo libertario>>, << un anti-liberalismo radical >>, << una república inmanente>> , << una política nominalista>>, << una ética consecuencialista>>, y un pensamiento que se alimente en la acción, escapando de la servidumbre voluntaria y proponiendo utopías concretas más allá de las promesas que auguran luminosos horizontes de los que brote  leche y miel…¡qué empalago bíblico!

En fin, que la atractiva propuesta de Michel Onfray – segunda parte del libro, ya que la primera explica la trayectoria personal en lo que hace a sus convicciones ácratas - juzgo que sugiere nuevas miradas, y suponen un aggiornamiento, o al menos un intento de, lo que le sitúa, a pesar de los repartidores de carnets, en la onda de lo que señalase Daniel Colson en su necesario << Petit lexique philosophique de l´anarchisme. De Proudhon à Deleuze >> ( LGF, 2001): << [ lo que dicho léxico pretende]   es mostrar cómo el nietzscheísmo de Foucault o de Deleuze, la relectura de Spinoza o de Leibniz que autoriza, mas también el redescubrimiento actual de GabrielTarde, de Gilbert Simondon o todavía de Alfred North Whitehead, no solamente dan sentido al pensamiento libertario propiamente dicho, a los textos de Proudhon o Bakunin por ejemplo, sino que adoptan ellos mismos sentido en el interior de este pensamiento que aclaran y que renuevan, contribuyendo así, tal vez, por este dichoso encuentro, a hacer posible el anarquismo del siglo XXI >>.

 

Añadiré para concluir, sin pretender  ser conclusivo en nada de lo dicho pues lo dicho soy consciente de que se queda en un tambaleante ni/ni dejando muchos cabos sueltos ( ¡ faltaría más!) y a la deriva, que el que alguien mantenga cierto grado de escepticismo o falta de esperanza ( o creencia) en un futuro emancipado no tiene por qué suponer que sea un colaborador –ni objetivo, ni subjetivo- de la injusticia y la reacción; hay diferentes formas de << militancia>> por unas ideas que en alguno casos se puede traducir, y se traduce, en el vuelco en la << práctica teórica>> que diría Althusser, y no  por estar  siempre repitiendo altisonantes proclamas y entonar constantes himnos revolucionarios  se es más probo con los tiempos presentes, ni supone necesariamente mayor ayuda  al avance de la liberación de los humanos, aunque tal vez a algunos les guíe aquello que dijese Rabelais ( o Voltaire, o ¿ninguno de los dos?) de que << seguiré repitiendo lo mismo mientras no cambiéis de postura >>.

El afán por descalificar a los pensadores englobados bajo el engañoso rótulo de << postmodernos >> parece una constante en muchos sectores de la izquierda con tendencias domesticadoras [ hace no mucho traté de estos asunto en esta misma red ], tratándolos de << irracionalistas>>, de << frívolos >>, y atribuyéndoles posturas absolutamente falsas ( así el pretendido desprecio de éstos hacia la ciencia es una necedad debida a la mala fe, difundida por Sokal y su amigo, a lo más podría darse algún uso indebido de algunos conceptos científicos; cosa bien distinta) …resulta de una ignorancia supina, o también de una mala fe, ya que cualquiera que se haya acercado a algunos textos de los autores vilipendiados, habrá observado que ofrecen instrumentos para el análisis de la sociedad, alejados de los discursos dominantes que no hacen sino repetir la voz de los amos en un impenitente karaoke, ofreciendo la oportunidad de coger un arma-en el sentido metafórico, obviamente- mientras corres que decía ingenioso y sarcástico Gilles Deleuze.

 

N.B.: en el libro de Paraire, en su nueva edición, se añade un anexo bajo el título de << Le défi du suranarchisme : un entretien avec Michael Paraire>>, que completa << L´incident de Balma: un mandarin censure un jeune auteur>>. Se explica en estos dos textos el indigno comportamiento de Onfray , y su clac, para con Paraire, quien habiendo sido invitado a participar en un debate sobre Camus, fue privado de la palabra, tras las presiones francamente poco libertarias del normando, que primero abandonó el escenario acompañado de sus fieles, y luego, de vuelta, preguntó –como un Johny Holliday herido- por quién habéis  venido por él o por mí, para, al final, convencer al alcalde de la localidad para que aconsejase a Michael Paraire que se fuese…y allá se fue, más solo que la una ( y su propiedad), al tenderete en los que vendía libros de su editorial.

Lo cortés no quita lo valiente y un debate entre ambos no hubiese estado de sobra de ninguna de las maneras.

Naturalmente en el libro se da la versión del ofendido; a falta de otra versión, las imágenes hablan por sí solas, imágenes que se pueden ver en youtube. 

  

 

 

 

 

 

 

 

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