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18 Sep 2014

Podemos, la extrema izquierda y las lógicas de resistencia

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Algunas reflexiones sobre el huracán que ha supuesto Podemos.

¿Saben en qué coinciden Javier Parra (secretario General del PCPV), Francisco Maruhenda (director de La Razón), Ignacio Escolar (director de El Diario.es) y Vladimir Sidorenko Zaitsev (un joven en Facebook con el rostro de Stalin como foto de perfil)? En su animadversión visceral hacia Podemos, sea en su versión más ultra (Parra y Maruhenda desde la izquierda y la derecha respectivamente) o sea en su versión más soft con Escolar publicando el último chismorreo de la Complutense que de alguna manera frene el derrumbe de su divo y señor Pedro Sánchez (alias Ken, el novio de Barbie). Es bastante significativo que se odie a Podemos desde posiciones tan radicalmente enfrentadas. Es significativo pero comprensible: la izquierda occidental lleva demasiadas décadas paralizada en el pozo de la derrota, tantas que la más tenue luz al final del túnel le quema las pupilas. Y cuando hay dolor la agresividad y la animadversión son los instintos naturales que afloran. La derrota permanente duele pero es estable, segura y hasta cómoda si no son tus huesos los que dan en una celda o debajo de un puente con tu familia porque has sido desahuciado (que no suele ser el caso de los que apelan a la hoz y el martillo como generadores de identidad). La victoria (o la posibilidad de victoria) es caminar sobre arenas movedizas, muchas contradicciones y sobre todo muchas dudas, inseguridades y certezas a medias. Primero un señor llamado Erich Fromm nos demostró que el miedo a la libertad es el miedo más y mejor incrustado de todos; después un tal Marcuse puso de manifiesto que «una ausencia de libertad cómoda, suave, razonable y democrática, señal de progreso técnico, prevalece en la civilización industrial avanzada». La izquierda lleva tanto tiempo en la seguridad y el confort de la derrota que asomarse al precipicio de la victoria (no hay victoria sin escalar a las alturas) le produce náuseas, el mareo de lo desconocido, de lo incierto, de aquello en lo que la identidad y los símbolos se diluyen como lágrimas en la lluvia: el replicante Roy Batty nos recuerda que vivir con miedo es ser un esclavo. 

Resistir es vencer es un bello eslogan, pero en el mundo real, resistir es estar jodido, resistir es permanecer en el limbo de la derrota permanente porque en política no hay tablas, o se gana o se pierde. Si los palestinos tuvieran cazabombardeos F16 pasarían al ataque: resisten porque no tienen más remedio. Algunos siguen sin entender que los parlamentos burgueses únicamente sirven si nuestro proyecto es el más votado. Hay dos formas de transformar las cosas y mejorar la vida de las personas; una es la vía insurreccional, otra es alcanzar mayorías electorales para poder legislar. Y por desgracia no veo una insurrección en marcha. Es decir, hay que llegar al gobierno, como sea pero hay que llegar (que no es lo mismo que tomar el poder): ser oposición parlamentaria es pura ilusión y la constatación visual y política de la derrota. También es un mecanismo que simula pluralidad y un horno de siglas: las quema hasta hacerlas inservibles. Por ello ningún proyecto ganador situado a la izquierda del bipartidismo puede tener demasiados años de existencia, un proyecto ganador tiene que ser nuevo, tiene que acumular victorias y no derrotas. ¿Alguien cree que Izquierda Unida con 20 años a sus espaldas puede ser un proyecto ganador? No lo creen ni algunos de sus dirigentes, por eso Alberto Garzón (que es más listo que el hambre) habla abiertamente de sacrificar las siglas en aras de un proyecto aglutinante, por ello ya está sucediendo vía Ganemos. Incluso Podemos pese a su ascenso fulgurante tiene sólo dos o tres balas en la recámara y si no logra alcanzar cotas de gobierno en un breve periodo de tiempo (debe de ser en las próximas generales), corre el riesgo de desinflarse y terminar cooptado por la lógica electoral del régimen: la ilusión es un estado mental que no puede perpetuarse sin resultados. Dice Errejón que el combate es de ajedrez y no de boxeo, cuidado porque la paciencia es un don que brilla por su ausencia entre las multitudes, especialmente entre las más desposeídas: en una sociedad esclava de la inmediatez y las prisas, es preferible un K.O. que tumbe al rival que vencerlo por agotamiento y desgaste. 

El problema es que la izquierda lleva demasiado tiempo perdiendo y quemando siglas, atrapada en esa lógica de la resistencia a la que se ha acostumbrado, por ello sale al ring cabizbaja y sin esperanzas. La derrota se gestiona muy bien porque siempre tiene culpables. Y por supuesto nunca somos nosotros mismos: echaremos la culpa a los medios de comunicación, el revisionismo, Carrillo, Los Pactos de la Moncloa... o a que la gente es idiota y está aborregada. La lista es tan larga como variopinta. Gestionar la victoria o la posibilidad de victoria es harina de otro costal. Pongamos un ejemplo práctico. 

Somos un pequeño partido, colectivo o asociación y organizamos una charla sobre Cuba, los presos políticos saharahuis o qué sé yo, el día a día en Corea del Norte lejos de la visión distorsionada de los grandes medios. Nos reunimos en un local 40 u 80 personas, 200 a lo sumo si viene un invitado relevante. La cosa fluye, la gente participa y la charla es todo un éxito. Genial, pero organizar un proyecto que le disputa el bipartidismo al PSOE no es la misma liga, ni siquiera es el mismo deporte. Y viendo cómo reacciona cierta izquierda (como lo que es, un animal herido) al auge de Podemos, los freudomarxistas de Frankfurt están de rabiosa actualidad: el miedo a escapar de las lógicas habituales y las cómodas rutinas se erige como principal obstáculo en el camino hacia la emancipación. Llevamos tanto tiempo siendo oposición que la más mínima posibilidad de gobierno nos produce vértigo.  Nuestro subconsciente (que es conservador por naturaleza, un conservadurismo biológico) nos dispara los mecanismos de defensa cuando se perturba nuestro rutinario y ya casi natural rol de resistentes. Un rol insertado en un mapa de micro-resistencias dispersas perfectamente asimilado por el sistema e incluso necesario para su perfecto funcionamiento. ¿Habéis visto alguna vez a una persona sufriendo vértigo? Es algo horrible. 

Una de las acusaciones más recurrentes hacia Podemos es que se trata de un proyecto auspiciado por los grandes medios de comunicación vía una operación encubierta en la que la reciente formación ejercería de cortafuegos diseñado por el sistema para frenar las justas y revolucionarias aspiraciones de unas masas que todo lo pueden y que como es obvio, estaban a puntito de asaltar los cielos antes de la llegada de Podemos. La lógica es la siguiente: si los grandes medios temieran a Podemos lo vetarían en sus platós, el sistema no promociona a sus sepultureros, por tanto Podemos es inofensivo y un cortafuegos. El argumento puede tener sentido pero un análisis profundo de las relaciones de producción capitalistas revelaría que afirmar tal cosa es una estupidez suprema y ponerse un cartel en la frente que reza: desconozco por completo las lógicas mercantiles que rigen el sistema de libre mercado. El capitalismo tiene una función primaria básica y no es la de perpetuarse sino la de obtener beneficios, por eso al margen de genocida, es también un sistema suicida. Como dice Michael Moore, es un sistema capaz de venderte la soga con la que lo vas a ahorcar. Por eso vende camisetas con la cara del Che. Por eso el coletas va a las tertulias, sencillamente genera audiencia, así lo reconoció Jesus Cintora (Las mañanas de Cuatro). 

Bajo esta óptica binaria que nos dice que el sistema nunca daría espacio a sus sepultureros ¿cómo explican los guardianes de la fe que superficies como El Corte Inglés o la Fnac vendan El estado y la Revolución de Lenin o El Manifiesto comunista de Marx y Engels? ¿Grupos como RATM o Public Enemy son inofensivos y un cortafuegos porque se venden en las grandes superficies? No: La Fnac vende a Lenin y a RATM porque generan beneficios. 

Otro de los argumentos estrella son las supuestas similitudes entre el ascenso del PSOE del 82 y el reciente ascenso de Podemos, ciertamente hilarante. Para empezar a Podemos lo financia la gente, no una central de inteligencia y el SPD alemán en un Congreso de Suresnes. El paralelismo es grave, hiriente y completamente insultante. El PSOE es régimen, privatizaciones, contratos basura, reconversión industrial, puertas giratorias, OTAN y violación flagrante de los Derechos Humanos vía la guerra sucia y los GAL; ver paralelismos sólo puede producirse en mentes enfermas o demasiado morbosas. Por otra parte, comparar a Pablo Iglesias y Errejón con Guerra y González porque «seguro que nos van a traicionar», es (además de ser un maldito agorero pesimista) pura política ficción, especulación y conjetura. A no ser que nuestros guardianes de la fe tengan algún poder de tipo sobrenatural que les permita visualizar el futuro mediante un bola mágica de cristal. Entonces el lugar de estos agoreros no estaría en las filas del marxismo sino compitiendo con Sandro Rey ya que, no deja de ser interesante ver a rudos defensores del materialismo histórico comportándose como oscurantistas y parapsicólogos. En este sentido, llama poderosamente la atención la relación díscola de cierta extrema izquierda con algunos medios: normalmente publicaciones como el Diario.es o El Confidencial son “publicaciones burguesas al servicio del capital y la socialdemocracia más abyecta”, siempre y cuando no publiquen algo en contra de Podemos, entonces se convierten en el Pravda y su palabra va a misa. ¿En qué quedamos? ¿Mienten o no mienten los medios? ¿O mienten sólo cuando nos interesa?

Pero sin duda mi estigma favorito es el que dice que Podemos oculta su ideología y se empeña en ocultar que es de izquierdas.No les voy a mandar a leer el programa porque sería muy obvio pero no deja de resultar perturbador que sea el más empleado por los ortodoxos pues ni Lenin, ni Stalin, ni Mao, ni Castro ni cualquier otra figura revolucionaria se autoproclamó nunca ‘de izquierdas’, en más, en muchos casos nos advirtieron sobre los peligros del izquierdismo. El problema es que muchos de los guardianes de la fe reducen las figuras revolucionarias a simples autores teóricos, descuidando que también era agitadores políticos. El Lenin autor nos habla de materialismo y empiriocriticismo pero el Lenin agitador es obvio que no se dirigía a las masas en términos filosóficos sino muy terrenales: Pan, Paz y Trabajo. Fue Fidel Castro el que en 1959 proclamó a los cuatro vientos aquello de: “We are not communist”. ¿Por qué? ¿Porque era un maldito traidor que ocultaba su ideología? No, por pura táctica, porque era lo que convenía para asentar el proceso revolucionario puesto en marcha. De hecho muchos de los hoy defensores de la revolución bolivariana, lapidaron a Chávez en sus primeros años de mandato: es cierto que su discurso distaba mucho de la retórica socialista y parecía más bien un proyecto exclusivamente nacionalista. ¿Dónde estaba Willy Toledo en el 98? Como yo, con la lupa y las fuerzas puestas en cualquier otro sitio menos en Venezuela, aquello era otro caudillo más latinoamericano que resultaba de lo menos atractivo a la izquierda europea, como de costumbre ensimismada en sus derrotas. Me refiero a cuando Chávez decía en televisión que Cuba era una horrible dictadura, el mismo que luego llenó el país de médicos cubanos. ¿Estaba loco? No, era pura táctica electoralista. El caso de Willy Toledo también es significativo, de traidor a la causa por apoyar a Podemos, a nuevo héroe de la clase obrera por bajarse del barco. Para mí siempre será un ejemplo esté donde esté y estoy seguro de que, si todo marcha como debe marchar, no tardará en volver a subirse al barco.

Indignados, los guardianes de la fe, saltarán a mi yugular argumentando que cómo cometo la osadía (el sacrilegio) de comparar al coletas con Lenin, Castro o el resto de apóstoles y traedores de la doctrina verdadera. Nada más lejos de la realidad, no es mi intención comparar a Pablo Iglesias con tan magnas y sagradas figuras (a las que guardo reverencia y culto como el que más), sólo pretendo ilustrar el hecho tacticista y que, históricamente, nadie vence poniendo todas las cartas descubiertas sobre la mesa.

Entonces tenemos un partido laico, republicano, que aboga por el derecho a decidir (aborto, independencia, etc), por la nacionalización de los sectores estratégicos y una banca pública, por un parque de alquiler social, por expropiar pisos vacíos a los bancos, por una auditoría pública de la deuda, por presión fiscal a los ricos, por la salida de la OTAN, por un antifascismo institucional con memoria y reparador, por una reapropiación de lo público en sanidad, educación, justicia, etc. Un partido dirigido por gente que viene de las Juventudes Comunistas, de Contrapoder, de La Tuerka, de Génova 2001 y los tutti bianchi, de asesorar y trabajar codo con codo con los procesos transformadores latinoamericanos. Pues bien, se da la circunstancia de que además ese partido ahora mismo está apunto de disputarle la hegemonía al bipartidismo y borrar al PSOE de la faz de la tierra.  

¿Y qué dice la extrema izquierda? que es que no dicen que sean de izquierdas, que si los financia La Sexta, que es disidencia controlada, que Roures y Lara... La luz del túnel penetra cada vez con más claridad, lo que hace que cierta izquierda sufra de vértigo, vómitos y mareos: son demasiados años acostumbrados a la oscuridad.

La Historia de este país se retuerce ante vuestras narices y lo más sensato que se os ocurre decir es que la financia Cuatro. Lo más gracioso es cuando les preguntas por qué, desde un punto de vista estrictamente marxista-leninista, los comunistas no deberían estar en un movimiento de masas como Podemos. Las piruetas teóricas son para grabarlas en vídeo y mandárselas en un Delorian a Stalin en 1936. Les ocurre como con el 15M: les parecía light y desclasado pero por supuesto no movieron un dedo y nunca participaron dentro para radicalizarlo. Es más fácil organizar una charla sobre Corea del Norte que organizar un movimiento de masas ¿verdad? 

Lo que ya es el colmo y la cumbre del despropósito es que defensores de Cuba y la URSS acusen a Podemos de verticalidad en su organigrama, de blindar al grupo promotor o de jerarquía. Pero a ver guardianes de la fe, ¿creemos en las vanguardias y en el centralismo democrático o cuando vemos que funcionan nos hacemos pipí en los pantalones? «No, pero es que venden la moto de la horizontalidad y el asamblearismo». Ya claro, pero es que si hablaran en público de la necesidad de una vanguardia y de hoces y martillos como hacéis vosotros, sencillamente les pasaría como a vosotros: que no los apoyaría ni el tato. Y si mañana me pregunta El País sobre Podemos diré sin sonrojarme que Podemos lo hace la gente y es profundamente horizontal. Y si me recuerdan este artículo me indignaré acalorado: calumnias de la casta temerosa de perder sus privilegios. Supongo que a estas alturas os habréis dado cuenta de que este artículo va dirigido a la extrema izquierda y no a la gente corriente, es que me va la marcha. Lo más hiriente es que la vanguardia está ahí (sería un error de bulto negarlo) pero es que además es elegida mediante procesos democráticos, ahí están las votaciones y la masiva participación: Podemos es una deliciosa paradoja democrático-leninista. 

Cuando algunos argumentan que el grupo promotor se ha blindado (blindado por la gente y no olvidemos que queda la Gran Asamblea de Otoño) ¿qué alternativa proponen? Más poder para los círculos nos decía Echenique. Así en abstracto queda muy bien pero yendo a lo concreto tenemos al Círculo de Benicalap que se manifiesta junto a España 2000 contra la construcción de un centro social para drogodependientes porque 'llenará el barrio de gentuza'. Tenemos al falangista Manuel Vallejo en el Círculo de Estepona. Tenemos al Círculo Nudista que cuando Pablo marcha hacia Palestina, le pide que entable amistad con las organizaciones nudistas israelíes. Tenemos también al Círculo Ciencias que opina mayoritariamente que no hay que hacer boicot académico a Israel y que la ciencia es neutra (mother of God). Y cuentan que en Podem Sueca debaten acaloradamente si hay que apoyar la educación pública o la concertada. Y los reptilianos y anti-chemtrails. Todo ello sin mencionar las hordas de arribistas y veletas de toda índole que se acercan a los círculos al calor de las municipales con ganas de conseguir un puesto en la administración. O los quicemeros, esos que creen que la historia política de este país empezó un 15 de mayo y todo lo anterior ni vale ni cuenta. Yo la verdad es que viendo el panorama me quedo con el grupo promotor, término que por cierto se vende mucho mejor que comité central. Al final resulta que no hay vieja o nueva política: la postmodernidad no inventa ni trae nada nuevo, únicamente renombra y cambia la terminología. Somos presos absolutos de la semiótica estructuralista, cambian los significantes no el significado. Para los que no pasaron de Marx y Lenin: el signo lingüístico es el vínculo más relevante dentro de los procesos comunicativos humanos, está formado por el significante (la imagen acústica) y por el significado (la idea que se forma en la mente respecto a cualquier palabra). Por ello CASTA (o burguesía, oligarquía o clase dominante) es el significante y LOS MALOS (o esa panda de mamones que nos ponen la bota en la cara) son el significado. Por eso funciona aunque moleste a los patriotas de las siglas y los significantes. Por eso el programa de Podemos es de izquierdas aunque sus dirigentes prefieran no entrar al trapo en una cuestión que únicamente beneficia al enemigo. De hecho la derecha más recalcitrante está de los nervios y deseando que Podemos enarbole la bandera de la extrema izquierda. El problema es que los dirigentes de Podemos son más listos que el hambre y no van a caer en la trampa. ¿Y darle el gusto a Esperanza Aguirre? ¿Veis como eran bolivarianos? Qué va. 

La dicotomía izquierda-derecha es un campo de análisis, no una herramienta. Por otra parte, ¿qué sentido tendría fustigarse con el látigo de soy más de izquierdas que nadie si ya existen un montón de partidos a la izquierda de la extrema izquierda? Es más, les va tan maravillosamente bien que quizá deberíamos robarles la idea....

Y por supuesto que hay un montón de gente decente trabajando en los círculos pero muchos en la extrema izquierda están deseando con todas sus fuerzas que se cuele algún veleta, que surja un concejal xenófobo, que en algún círculo alguien meta la mano en la caja... para así desde su urna de pureza marginal gritar aquello de «te lo dije». Lo están deseando. Están asustados sufriendo de vértigo por culpa del huracán que ha supuesto Podemos y sus consecuencias (Guayem, Ganemos, primarias, etc). Están desubicados, perdidos, nerviosos. No saben a quién acudir y quieren que todo vuelva a la normalidad, quieren que todo vuelva a ser como antes, como debe ser, como siempre fue. Desean regresar a sus cómodas rutinas, predecibles pero seguras: quieren que Monedero e Iglesias vuelvan a sus clases y no hagan política, como mucho que se dediquen a lo que siempre se dedicaron los profes progres: presentar sus libros en la facultad y a teorizar. Quieren a Ada Colau recibiendo hostias en los desahucios y no legislando contra los bancos. ¿Qué es eso de que un movimiento social se haga fuerza política? Un movimiento social debe de ser movimiento social at infinitum y está ahí para resistir y convocar manis. A dónde vamos a llegar... Y quieren a las juventudes comunistas (sean del partido que sean) organizando charlas sobre Corea del Norte para cuatro frikis en la facultad despotricando contra la cúpula y elogiando a las bases. Que todo vuelva a la normalidad. Lo que siempre hemos sido la extrema izquierda joder, ¿tanto cuesta de entender? Por último desean que la gente normal se dedique a lo de siempre, a comentar el fútbol y Sálvame. ¿Qué es eso de hacer política? Eso está reservado para unos pocos elegidos bendecidos con la varita mágica de Marx. En definitiva, que todo vuelva a su curso y podamos seguir retroalimentando nuestra identidad: recibir palos en manis, ser oposición minoritaria y el 14 de abril sacar la tricolor, actividades que siempre se nos dieron muy bien. 

Pues mucho me temo que tengo malas noticias y volviendo al dulce caos y para terminar, no es ni bueno ni malo que el proyecto se llene de arribistas y veletas, es sencillamente inevitable porque se trata de un proyecto ganador. Por eso la batalla va a ser ardua. Por eso Pedro Sánchez alias Ken diseñará con el PP un pacto de estado anti Podemos de la misma forma que modificaron la constitución para vender la soberanía a la Troika. Por eso los viejos militantes y los comunistas (los que saben que había luchas antes del 15M) deben permanecer en Podemos, poniendo su experiencia al servicio de un proyecto transformador. Por eso necesitamos a muchos Willys Toledo en Podemos. Insistimos: la unidad popular no es la unidad de la izquierda, ni la unidad de las siglas, ni mucho menos Podemos. Es algo que trasciende el mismo espectro electoral, es el pueblo (con sus contradicciones, miedos y virtudes) caminando en bloque hacia victoria, escapando de esas rutinas y lógicas de resistencia que perpetúan el statu quo existente. La Unidad Popular llega cuando se asume (al más puro estilo Otegi) que no hemos nacido para resistir, sino para vencer.  

Dicen desde CJC que «es la oligarquía quien hace la campaña a Podemos», afirmación un tanto ruborizante tras descubrir que la última reunión oligárquica en la que participó el recientemente fallecido Emilio Botín, habló sin tapujos de neutralizar a Podemos a toda costa. Al mayor oligarca español le preocupaba el ascenso de Podemos, no la CJC. ¿Quién es la amenaza para el sistema y quién el inocuo?

 

 

Modificado por última vez en Jueves, 18 Septiembre 2014 20:07

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