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26 Sep 2012

Manifestación del 25-S. Sobre la falta de capacidad crítica para medir la coyuntura de algunos compañeros Destacado

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Me propongo en este texto llevar a cabo un análisis sobre distintas formas de enfrentamiento contra la policía que se produjeron en la manifestación de ayer. Algunas fueron muy positivas. Otras merecen una crítica radical.

La manifestación de ayer produjo una buena base de información que conviene analizar. Me centraré en sólo un punto porque es de vital importancia ahora mismo: los enfrentamientos entre la policía y los manifestantes.

Ya sólo viendo el dispositivo policial nada más empezar la manifestación muchos de nosotros supimos que el evento no podía acabar sin cargas policiales. La policía estaba allí para pegar. Dentro de lo que cabe existió una calma tensa, que en realidad muestra ya un avance en la consciencia del proletariado: poco a poco se deja de tener miedo y respeto a la policía. Sin embargo hubo aspectos todavía más positivos que nos muestran que las condiciones subjetivas del proletariado avanzan cada vez más. Durante las cargas se vio que la masa de manifestantes se iba para atrás, pero volvía rápidamente para plantar cara a la policía, se observó también como muchas veces a algunos manifestantes intentaban salvar a otros manifestantes de las detenciones de la policía y de hecho, hay una imagen de una fuerza tremenda: la policía empieza a cargar, un policía consigue cazar a un manifestante y lo retiene arrastrándolo hacia la zona de los furgones para detenerlos. De repente un chaval de blanco se lanza hacia el policía saltando hacia él con las piernas por delante y lo aparta de un empujón con las piernas. Más manifestantes se unen, y el policía tiene que recular ante la fuerza de la masa. Esta imagen no sólo es bellísima por la solidaridad y la valentía que muestran. Nos da también una medida de cómo se sienten las masas; están dispuestas a aguantar las cargas de la policía. Se van preparando poco a poco para luchas más confrontativas.

Otro aspecto que da cuenta del ánimo de los manifestantes fue cuando la policía empezó a cargar con el apoyo de las salvas de las pelotas de goma. Todos sabemos lo peligrosas que son estas armas, y que el uso de pelotas de goma implica que la policía no se va a andar con medias tintas. Lo más positivo de estas cargas es que los manifestantes se replegaban con cada salva y volvían de nuevo, de tal manera que se produjo en varios momentos la situación de que la policía tenía que recular ante la presión de los manifestantes, sólo obteniendo el terreno perdido con un reiterado uso de las salvas. Hay que recordar que hace dos años una represión tan brutal  hubiera dispersado la masa de la manifestación dejando sólo a unas decenas. Ayer hubo mucha gente que se mantuvo tras las cargas.

Finalmente, vino la carga de la policía por retaguardia y terminaron por dispersar a los manifestantes. Algunos de ellos se replegaron hacia otros lugares para seguir acciones más esporádicas como los cortes de calles.

Otro aspecto que merece la pena resaltar es el de las vanguardias que se van conformando. No hablo de élites, sino de la parte del proletariado más avanzada, aquella que está en primera línea, aquella que intenta animar a las masas. No cabe decir que esta vanguardia anónima sepa manejar la situación, está todavía muy verde, pero se pueden empezar a percibir en ella rasgos de liderazgo, de medición de la correlación de fuerzas, de toma de decisiones. Este es un rasgo de madurez que hay que tener muy en cuenta. A lo largo de este año, con cada una de las luchas, irá madurando esta vanguardia “de la calle”. Siendo cada vez más activa, más decidida, más numerosa y comprendiendo mejor el sentir de la masa.

Sin embargo, es necesario analizar varios aspectos negativos que hubo ayer para combatir desviaciones dentro de la lucha de clases que a largo plazo pueden ser muy dañinas. Y no hay mejor sitio para realizar esta crítica que en Kaos, dónde abundan muchas posiciones sectarias y por tanto, donde este texto, que sé que va a ser muy criticado, puede incidir en la izquierda revolucionaria, que al final es lo más importante.

Hubo ayer un grupo de manifestantes caracterizado por una indumentaria militarista de rollo black block que intentó llevar una serie de acciones violentas. Resumiendo en pocas palabras: las acciones de este grupo fueron militarmente patéticas y tácticamente estúpidas.

Las sensaciones subjetivas que hubo de ayer entre las masas eran de receptividad a tácticas que animaran a permanecer, a aguantar las cargas de la policía. Desde luego esto ha sido un enorme paso adelante. Es un paso que en algún momento derivará en que las masas en algún momento dejarán de huir de la policía y se organizarán para enfrentar físicamente las cargas de la policía, siendo ellas mismas las que lleven a cabo las batallas campales. Este pasó jamás lo hubiéramos obtenido si en Neptuno se hubiera acabado en una batalla campal, o para ser más exactos, si hubiera habido un enfrentamiento irrisorio entre toda la fuerza de la policía y "las tropas de élite vanguardistas", las cuales, además, carecen de una estructura militar seria.

Evidentemente, las propias masas se alejaron rápidamente de nuestros héroes vanguardistas, que en cuanto se encuentran solos enfrentándose a la policía ya no son tan valientes.

Su fuerza se les fue por la boca tan pronto como tardamos algunos de nosotros en decirles que no eran bien recibidos y que dejaran de ir de vanguardia, que nosotros también estábamos luchando y que estaban estorbando. La respuesta más inteligente que supieron darnos fue: "te voy a partir la cara".

Ayer los manifestantes vacilaban; por una parte querían luchar, querían mantenerse en la plaza, por otra, no están todavía preparados para enfrentarse organizadamente a la policía de forma violenta, salvo situaciones muy concretas (cuando se puede salvar a un manifestante de una detención y hay muy poca policía para mantener su posición). La táctica correcta era incitar a los manifestantes a quedarse y acercarlos a la policía cuando esta era débil, es decir, producir un sujeto que poco a poco se habitúa a un enfrentamiento más activo con la policía. Sin embargo, si se hubiera producido una batalla campal, el grueso de los manifestantes se hubiera ido de la manifestación o hubiera permanecido fuera de la batalla campal, observando el combate, pero no se hubiera involucrado, sino que se hubiera rechazado una escala de violencia para la que todavía no se encuentra preparado. Incitar a los manifestantes a quedarse, a volver tras cada carga, los prepara sin embargo mucho mejor a esa escala de violencia, pues no es más que la explicitación de sus propios deseos y necesidades subjetivas.   

El tipo de actitudes que caracteriza a los grupúsculos militaristas tiene tres nombres que van unidos: izquierdismo, aventurismo y nihilismo.

Izquierdismo porque consideran que toda aquella contradicción que aparezca dentro del seno del pueblo, es una contradicción entre ellos y los enemigos. Esto evidentemente conduce a un sectarismo exacerbado ante la incapacidad de distinguir sus propios deseos de las condiciones subjetivas de las masas.

Aventurismo porque se creen que ellos mismos son los representantes y la vanguardia de la clase trabajadora, esto deriva de su propio sectarismo. Como ellos se consideran la vanguardia, piensan que están en la posición de decidir cuál es la estrategia adecuada y al no tener en cuenta a las masas (pues piensan que si las masas no están con ellos, son los enemigos) pierden de vista las vacilaciones de las masas, sin tener en cuenta los posibles desplazamientos reactivos de la masa ante posiciones sectarias e izquierdistas. Es decir, en vez de dinamizar el movimiento, lo paralizan.

Finalmente nihilismo porque una actitud así no nace genuinamente de la clase trabajadora, sino de clases subalternas de la clase trabajadora que por su posición en las relaciones de producción son más débiles e intentan suplir esa impotencia a través de ese nihilismo que deriva en vanguardismo izquierdista. Hablo de una parte muy concreta de la pequeña-burguesía, los niños de papá. Independientemente de cuántos niños de papá componen estos grupúsculos (y estoy convencido que es un número no desdeñable), sus posiciones de clase pequeño-burguesas han permeado a estos grupúsculos de arriba a abajo.

Espero que no se malentiendan mis argumentos: ayer también se vio una violencia genuina de la clase trabajadora, una violencia de una fuerza y potencia radicales, la cual he descrito más arriba. Su carácter emancipador se percibe nada más verla...pero esa violencia no tenía ningún carácter militarista. Eran simplemente grupos de personas que instintiva o conscientemente forman parte de la vanguardia anónima del proletariado. Sería bueno que empezáramos a distinguir estas dos formas de violencia con claridad para diferenciar lo correcto de lo erróneo. Algo que ha pasado a ser fundamental en la actual correlación de fuerzas.

Ayer muchos de nosotros nos jugamos nuestro físico luchando. Tras una experiencia así se llega necesariamente a una conclusión: la clase trabajadora no debe tener nada que ver con esta bazofia pseudo-militarista, a los cuales tiene que combatir en todos los frentes. Este texto es una de las lanzas que se rompe para comenzar esta lucha implacable.

En Grecia se toleró muchísimo a este tipo de grupúsculos. Tras varios años la propia izquierda revolucionaria asume que fue un error con consecuencias muy negativas, pues ahora es imposible controlarlos y han paralizado repetidas veces la lucha de la clase obrera y han motivado escisiones entre varias fracciones de clase de la clase trabajadora.

Añado: estas actitudes pequeño-burguesas, dada la coyuntura actual, son desviaciones dentro del pueblo y por tanto las combatiremos como tales, haciéndoles entender a estos grupúsculos militaristas, que la lucha de clases implica ante todo un trabajo a largo plazo que no debe derivar ni en actitudes oportunistas ni aventuristas; haciéndoles entender por tanto que la lucha de clases significa generar una organización de poder que sea la expresión de la consciencia de la clase trabajadora; una organización de poder que sea capaz de explicitar a la clase trabajadora aquello mismo que desea pero que todavía no es capaz de decir ni de hacer.

Pero si en algún momento se desvían demasiado estos grupúsculos, los combatiremos como combatiríamos a los fascistas, porque en el fondo no están tan lejos del fascismo: formas de conciencia pequeño-burguesa que se restriegan en su impotencia, paralizando el movimiento de masas y dando coba a la burguesía.

Modificado por última vez en Miércoles, 26 Septiembre 2012 15:00

Comments  

+2 #1 Tortosa 2012-09-26 14:32
¿No es posible barrer de una vez por todas esa fraseología hueca sobre "la lucha de la clase obrera" y "las formas de conciencia pequeña burguesa que se restriegan en su impotencia paralizando el movimiento de masas"?. No solo huele a naftalina, sino que además no refleja, a nivel del lenguaje, el carácter amplio, nuevo, que tienen hoy las luchas contra el poder.

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