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09 Ene 2013

LOS MUNDOS DE IZQUIERDA UNIDA(1 de 3). ALBERTO GARZON

Escrito por  Rafael Castaño
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Voy a tratar de analizar los mundos de Izquierda Unida a través de tres de sus personajes: Alberto Garzón, Julio Anguita y Cayo Lara.

Voy a tratar de analizar los mundos de Izquierda Unida a través de tres de sus personajes: Alberto Garzón, Julio Anguita y Cayo Lara. La razón de este breve análisis, que lo pretende ser todo menos exhaustivo, sobre IU es que parece que todos estamos de acuerdo que IU va a participar en el proceso de cambio que inevitablemente se va a dar en el estado español y en segundo lugar parece unánime la opinión de todos los que se toman mínimamente en serio lo qué es transformación y socialismo, que IU es, per se, totalmente insuficiente para llevar a cambio una transformación radical de la situación socio-económica y política española.

   He recurrido a los tres personajes arriba citados, porque pienso que las dos almas de IU no son reforma por un lado y revolución por otra, y que no lo fue incluso en los tiempos de Julio Anguita, cuando ésta organización apostó fuerte por un reformismo duro, sin concesiones. Las dos almas de IU son simplemente el acomodarse a la situación o intentar cambiarla. Si tiene algún impulso revolucionario, este es minoritario y, en todo caso, retórico.

    He tomado Alberto Garzón en primer lugar, porque dada su juventud y posiciones teóricas es quien mejor refleja la ambivalencia de Izquierda Unida en sus dos libros e intenta salir de ella, a mi modo de ver, sin conseguirlo. Julio Anguita será tratado en otro artículo, con toda la consideración y respeto que la persona y el personaje se merece. En cuanto a Cayo Lara, creo que es la encarnación viviente de las contradicciones de IU, ya que en la teoría, en los discursos,…muestra gran radicalismo (en la última Asamblea vino a afirmar que IU es la Syriza española), en su comportamiento con respecto a IU en Andalucía y Extremadura, ha tenido una actitud que no llega ni lejanamente a lo que se pudiera considerar, en el sentido tradicional, socialdemócrata).

    Hace tres o cuatro meses Alberto Garzón publicó un libro, su primer libro en solitario (“Esto tiene arreglo”), tras la publicación del que realizó conjuntamente con  Vicenç Navarro y Juan Torres (“Lo que España Necesita”). Ambos libros tratan de lo mismo: un análisis de la actual crisis y los medios para solucionarla. Lógicamente, hay que entender que cuando Alberto Garzón escribió el primer libro conjunto es porque comparte los planteamientos de los dos autores. Así parece ser, porque además de a sus padres, dedica el libro a Juan Torres y en la parte de agradecimientos al primero que incluye es a éste, a quien llama su maestro (en los agradecimientos agradece la actuación de tres políticos: Julio Anguita, José Antonio Castro  y Efraín Campos, por  donde podemos establecer claramente cuál es su ubicación concreta dentro del entramado  ideológico y praxeológico –discúlpeseme la pedantería- de IU). Por otro lado, si Alberto Garzón ha sentido la necesidad de escribir un libro (él lo llama ensayo, quizá por su brevedad -109 páginas-, pero yo lo incluiría dentro de los que podía considerarse como un manifiesto de ideas y propuestas, esto sí, muy racional y pedagógicamente desarrolladas. En realidad, se puede considerar manifiesto porque sería una guía de acción una vez que se ha desarrollado un pequeño estudio teórico de la situación), es porque considera que tiene algo que añadir a lo que escribió conjuntamente.

     ¿Por qué se ha creído Alberto Garzón en la necesidad de escribir un nuevo libro? No sólo tras la lectura del libro, sino porque él mismo lo ha dicho explícitamente, en el libro conjunto se proponen sobre todo medidas clásicas socialdemócratas para solucionar la crisis, mientras que para él esas medidas socialdemócratas ciertamente pueden solucionar la crisis, pero sólo temporalmente, porque el capitalismo siempre será un sistema explotador –y hoy día además depredador de la naturaleza- que  provocará continuamente nuevas crisis y más sufrimientos entre las clases trabajadoras. Sería, aparentemente, la idea marxista de que debemos organizar a la clase obrera a través de reformas, pero siempre mirando en la revolución, en la superación del capitalismo. Recordemos, el no por tan manido, menos impresionante texto de Marx en su mensaje de juventud dirigido a los miembros de la Liga de los comunistas:    Para nosotros no se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva.

         Es decir, Alberto Garzón intenta desvincularse de la línea socialdemócrata que sólo busca la reforma, para incluirse en una corriente que busca la superación del capitalismo y la creación de una sociedad socialista (influido por Chávez, utiliza una vez para referirse a la sociedad socialista la expresión “el buen vivir”, un mundo de bienes comunes donde las personas pueden solidariamente compartir sus necesidades y facultades en un mundo sin competitividad) . El libro, en realidad –ello no es una crítica negativa- recoge de muchos lugares: de los llamados economistas heterodoxos en España, que puede estar representados  por Diego Guerrero –a veces toma frases casi literales del mismo; la economía clásica marxista, las propuestas asamblearias del 15M del que Alberto Garzón forma parte, la práctica política de IU en los tiempos de Julio Anguita, la nueva economía ecologista,…).

       La cuestión que plantea Alberto Garzón no es intrascendente, porque muchos dentro de IU –y fuera de ella- consideran que pedir hoy medidas socialdemócratas keynesianas son revolucionarias al no poder ser  asumidas por la burguesía capitalista (¿cómo dudar de esta tesis?) y que básicamente ello debe ser el programa de un partido de izquierdas realmente fuerte, una vez que la socialdemocracia clásica se ha lanzado en cuerpo y alma al terreno del neoliberalismo.

    Sin embargo, una parte de la izquierda considera que  si sólo se plantea eso, no podemos llamarnos socialistas ni mucho menos revolucionarios. No les falta parte de razón, porque hay muchos que llegan a identificar a Keynes con Marx, cuando Keynes fue un furibundo antimarxista que precisamente planteó sus ideas para salvar el capitalismo e impedir la llegada del socialismo, que en la crisis de los años treinta se veía (y quizá no fuera muy equivocado) inminente (ya se sabe, su frase, o el capitalismo acaba con el paro, o el paro acaba con el capitalismo). Quizá el Keynesianismo impidió la llegada del socialismo. ¿Estaría el Keynesianismo actual de las personas de izquierda impidiendo una salida socialista al capitalismo; estarían los comunistas bregando por salvar el capitalismo –lo cual debería ser labor de los capitalistas, que, en su ceguera “se están autoliquidando”- mientras que la misión de la izquierda sería aprovechar la crisis profunda que experimenta el capitalismo para conducirla al socialismo? En España yo consideraría a Manuel Navarrete como el más claro representante de esta forma de ver el asunto. Algunos textos del mismo:

Keynes diseñó su modelo como un medio para salvar al sistema capitalista en una época de revoluciones socialistas y no -de ningún modo- como un instrumento para combatirlo. Todo esto es algo que deben comprender los teóricos del “socialismo del siglo XXI”, que, desgraciadamente, se parece más bien a la socialdemocracia del XX.

Por todo ello, no estoy de acuerdo con el planteamiento de Manel Márquez en el sentido de que los antineoliberales también deben tener cabida en los medios de comunicación anticapitalistas. Pienso, más bien, que los anticapitalistas podemos utilizar y publicar textos de individualidades antineoliberales, como el brillante profesor Vicenç Navarro (autor de obras tan importantes como El subdesarrollo social de España: causas y consecuencias), si así nos conviene puntualmente, ya que coincidimos en determinados objetivos. Pero no hay que olvidar que existen serias diferencias entre las posiciones del profesor Navarro y nuestros planteamientos, diferencias que Manel ha obviado completamente.  Por tanto, una cosa es publicar los interesantes análisis del profesor Navarro, cosa que me parece perfecta, y otra muy distinta cargar violentamente contra quien  los someta a crítica, ya que dicha crítica es justa y necesaria para quienes tratamos de resucitar una izquierda combativa, que hable de clases y luchas de clases (no de “ciudadanos”), que hable de contrapoder (y no de elecciones), que hable de propiedad de los medios de producción (y no de I+D+I) en el Estado español, ya que sólo así cobra sentido ese manido lema que, con razón, nos recuerda que “otro mundo es posible”.

Espero, por último, que estas palabras no me conviertan a ojos de nadie en miembro de esa izquierda “autoritaria y viejuna” que coincido con Manel Márquez en criticar, pues debemos superar sus planteamientos. En realidad, no hay nada tan viejuno (o al menos tan viejo) como el revisionismo. Espero, asimismo, que a nadie le suene autoritario, porque debemos decirlo: unidad sí, pero entre las diversas familias del anticapitalismo, el comunismo, el anarquismo, el sindicalismo combativo. Unidad sí, pero bajo Marx y Bakunin, no bajo Keynes y Montilla. (Manuel Navarrete, 19/04/2011).

Además considera que hoy día, en la práctica, el keynesianismo es imposible: escribe  en 19 de abril del año pasado: “Así, para el marxismo no hay una “salida de izquierdas” a la crisis o, para ser exactos, la única salida a la crisis es salir del capitalismo, ya que la socialdemocracia, como argumentan los neoliberales, es sencillamente una utopía irrealizable. ¿Por qué, si tras la II Guerra Mundial, durante 30 años, el keynesianismo fue una realidad que hizo un poco mejor la vida de una buena parte de la humanidad? Porque ahora el capitalismo es un sistema-mundo. En la época keynesiana, existían la URSS y la República Popular China (como realidad socialista), además de numerosos movimientos de liberación nacional en el Tercer Mundo. Por tanto, una enorme porción de la clase obrera estaba fuera del alcance del capital (por no hablar de la existencia de una alternativa ideológica potente para la clase obrera residente en el campo capitalista)”.

      A todo lo dicho, enumeraremos una serie de consideraciones, que además nos facilitarán acercarnos al texto de Alberto Garzón:

      -1) ¿Es realmente imposible practicar hoy día keynesianismo o éste pertenece a una época pasada, que ya no va a volver? De ser cierta esta apreciación, lógicamente predicar  por parte de la Izquierda soluciones keynesianas a la crisis, no sólo sería contraproducente, sino un absurdo real que nos llevaría a  caminos sin salida, por lo cual tendríamos que retomar el de la revolución. En los países capitalistas del centro parece que cada vez es más difícil practicar el keynesianismo, porque aparte de que este se basaba en la doble explotación de la naturaleza y de los trabajadores del Tercer Mundo, desde 1973 el capitalismo keynesiano apenas logra producir riqueza (la cantidad de dinero circulante ha aumentado mucho –las llamadas burbujas- pero el incremento de riqueza real  en el mundo en ese periodo ha sido de apenas un dos por ciento, con lo que ello supone de disminución de los beneficios capitalistas. Hoy día los capitalistas están no sólo menos dispuestos a repartir migajas de sus beneficios con los obreros de los países centrales para tenerlos calladitos (“pacto socialdemócrata”), sino que  muy al contrario, la política de los capitalistas es la de privarnos de esas migajas (“neoliberalismo”).

    Sin embargo, a la pregunta formulada en este primer punto no podemos responder tan a la ligera. En primer lugar tenemos países (Venezuela, Ecuador, Bolivia y otros menos conocidos) que están practicando políticas Keynesianas que no son contradictorias con un intento transformador de búsqueda del socialismo. Julio Anguita considera que el keynesianismo de los años treinta y después de la Segunda Guerra Mundial era la política de una clase capitalista inteligente, en tanto que hoy día el capitalismo se está encaminando a una especie de política suicida porque va provocar un recrudecimiento de la lucha de clases y a poner a la orden del día la posibilidad (o la necesidad para los de abajo) del socialismo. Pero es que también hay capitalistas, y nada despreciables por cierto, que están proponiendo propuestas keynesianas, como cuando un grupo de empresarios franceses propuso al gobierno de Sarkozy que les aumentara los impuestos para salvar el capitalismo, o bien el conocido capitalista norteamericano Warren Buffet, de quien escribe Alberto Garzón “Warren Buffet, la tercera persona más rica del mundo según Forbes, llegó a decir públicamente que por supuesto que había lucha de clases, pero que era su clase, la clase rica, la que estaba ganando la guerra. Él mismo ha iniciado una campaña reclamando más impuestos para los ricos.” Es decir, hay capitalistas que creen que el keynesianismo es posible (es decir, elevados impuestos a las grandes fortunas para redistribuir al resto de la población, en tanto que en el socialismo no había redistribución, sino distribución de lo producido colectivamente).

    Este dilema sobre si es posible o no el keynesianismo hoy día en el mundo tiene fácil solución en el marxismo: la praxis, el actuar político. En las ciencias naturales, la praxis, el experimento, tiene el valor de comprobación de la verdad de una hipótesis. En el marxismo es distinto: la actuación humana tiene un valor teórico, de ella podemos sacar conclusiones y respuestas. A Marx le resolvió muchos problemas teóricos las revoluciones de 1848 y la Comuna de París; a Lenín y los obreros rusos, la revolución de 1905 le proporcionó conocimientos para realizar la revolución de 1905. Sólo practicando una políticas y una actuación (ya veremos el cómo) de reformas contra la reacción neoliberal sabremos si éstas son posibles dentro del capitalismo; si la burguesía no es capaz de asumirlas, la praxis nos llevará a una actuación revolucionaria y transformadora. En la praxis no hay contradicción entre reforma y revolución y ella nos indicará el camino a tomar. Pero lo primero, actuar.

   2) En la página 28 de su libro, Alberto Garzón  afirma que la escuela keynesiana fundamenta la socialdemocracia. Hagamos una crítica a esta afirmación, una crítica que es autocrítica al ser el que esto escribe de la misma corriente ideológico-social a la que pertenece Alberto Garzón (de la misma manera que una persona, por muy joven que sea, si se afilia a un Partido Comunista, aunque no la haya vivido, asume toda la tradición del comunismo, sus grandezas y sus errores, porque no sólo hubo errores. Es curioso lo que ocurre con muchas personas de izquierdas cuando los medios de comunicación hablan de los antiguos países del llamado “socialismo real”. Si se habla de Palestina, de Venezuela, de Cuba o de las huelgas de los mineros o de actuaciones frente al neoliberalismo, decimos que tergiversan la realidad (lo cual es cierto), pero cuando hablan de los Países del Este hay cierta tendencia a creérselo todo, cuando esos medios de comunicación suele obviar que en aquellos países había trabajo, seguridad social, alimentación, educación y casas para todos, cosa que nunca ha ocurrido en ningún país capitalista del mundo, cosa que los medios tradicionales nunca mencionan ¿No estamos entonces ante un caso palmario de tergiversación? La izquierda debe hacer una revisión de los logros que se alcanzaron en los países del Este y no sólo, como es habitual, considerarlo como “un inmenso error”. Fue una experiencia que tuvo muchos aciertos además de errores, pero que por circunstancias que no vienen al cuento elucidar, aquel gigantesco experimento de acabar con la explotación del hombre por el hombre no llegó a cuajar.

       La crítica que le haría a Alberto Garzón es que el keynesianismo sólo fundamenta parcialmente a la socialdemocracia a partir de la Segunda Guerra Mundial, en tanto que la socialdemocracia, frente al comunismo de 1917, apareció a fines del siglo XIX con el revisionismo de Bernstein. El revisionismo socialdemócrata de fines del siglo XIX y principios del XX consideraba que a través de la democracia y de un proceso de reformas se podía llegar pacíficamente a la sociedad socialista, en tanto que los maximalistas que a partir de 1917 cambiaron su nombre de socialistas por el de comunistas, para no confundirse con los anteriores, pensaban que la vía revolucionaria era la única para llegar al socialismo, dado el hecho de que ninguna clase dominante abandona el poder pacíficamente.

     3) Al hilo de lo anterior, debemos tener muy en cuenta cuando algunos, con un dejo despectivo, califican a Juan Torres o a Vicenc Navarro de socialdemócratas. No creo que ambos pensadores y activistas políticos desean un mero cambio cosmético del capitalismo, darle un rostro humano (el capitalismo nunca podrá tener rostro humano, como la expresión socialismo con rostro humano es una contradicción en los términos, porque un auténtico socialismo sin rostro humano es una ridiculez). En el caso de Juan Torres la cosa me parece clara, porque durante los años 80 y 90 fue el principal asesor de Anguita en el aspecto económico, e IU en aquellos tiempos tanto en la teoría como en la práctica reivindicaba un nuevo mundo al margen de los parámetros capitalistas. En cuanto a Vicent Navarro, aparte de su valiente lucha contra el franquismo desde posiciones radicales, en los años 70 y 80 escribió libros publicados por akal en la senda del movimiento revolucionario del 68; nunca ha renunciado a ello, y cuando hoy día hace propuestas para reformar la actual sociedad, ello no está en contradicción con su visión más lejana de una transformación de la sociedad actual a más largo plazo. Esa contradicción nunca ha existido, en todo caso la contradicción de la izquierda se produce cuando sólo tienes dos ideas de llegar al socialismo: el interminable cuento reformista de la lechera que va haciendo ilusionadamente sus números para cuando llegue el gran momento, o el cuento revolucionario que piensa que algún día nos caerá del cielo la lotería del socialismo, como Atenea surgiendo de la cabeza de Zeus.

Modificado por última vez en Jueves, 10 Enero 2013 10:26

Comments  

0 #15 Elkale 2013-01-15 09:18
Gracias por ver los enlaces.-Aparte de lo que expones,algún comentario más??

Isa Maria 14-01-2013 13:24
0 #14 Isa Maria 2013-01-14 13:24
He vuelto a ver los enlaces y me parece que lo que dije es bastante cierto
+1 #13 Felipezamora 2013-01-11 13:23
Me parece ridicula la idea de LLamazares sobre izquierda unida que he leido en esta misma revista digital

http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/43103-llamazares-propone-revitalizar-el-capitalismo-con-el-psoe.html
+1 #12 Isa María 2013-01-11 12:49
Por cierto me parece monísimo....
+1 #11 Guest 2013-01-11 12:46
Muy interesante la información que de el comentarista sobre Alberto Garzón, personaje que me interesa mucho.
+1 #10 Elkale 2013-01-11 12:14
Enfr. dialéctico con Alberto Garzon,y réplica

http://www.huffingtonpost.es/2012/09/12/un-portavoz-del-pp-exige-_n_1876470.html
+1 #9 Elkale 2013-01-11 12:01
QUIEN TEME a Albert Garzón Espinosa??www.youtube.com/watch?v=q--m6NjykyI
0 #8 Elkale 2013-01-11 11:55
VIDEO de Alberto Garzón Espinosa en RTVEwww.youtube.com/watch?v=YR-ufkb_CU4
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VIDEO de ALBERTO GARZON sobre PNLhttp://www.youtube.com/watch?v=qTUoND85nuk
+2 #7 Sandro 2013-01-10 19:12
Y entonces...
¿Que decirle a las gentes, que habrán de votar?
Me parece muy formativo e informativo, pero también hemos de ser pragmáticos si queremos cambiar algo (también) a fuerza de urna.
Se desea réplica / contestación / comentarios a este que hago.
Gracias compañeros.
+1 #6 Elkale 2013-01-10 18:47
http://www.youtube.com/watch?v=Myer3DACRPo

EL Diputado más joven de España en el Gran debate

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