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08 Mar 2013

Bulgaria, el viento con olor de rosas Destacado

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Hace unos días que llegué de Bulgaria, por casualidad asistí en directo a una gran oleada social y a la dimisión del gobierno de Boiko Borísov.

El desencadenante de las grandes manifestaciones populares que se celebraron en la mayoría de las ciudades de Bulgaria fue el astronómico recibo de la luz, superior a cualquier pensión –lo cual es habitual porque estas son paupérrimas: las de la mayoría social andan por las 80 levas mensuales (40€)- y en muchos casos equivalente a gran parte del salario de los que pueden trabajar –en Bulgaria un salario medio-alto para la mayor parte de las mujeres y hombres de la clase trabajadora no superará las 1.000 levas (500€), y esto no es lo que cobra la mayoría social.

         Las grandes manifestaciones que llevaron a la caída del gobierno se remataron con otra oleada el domingo 24 de febrero, que aunque con el gobierno dimitido no disminuyeron un ápice en cantidad e intensidad. En todas las movilizaciones los manifestantes portaban como única bandera política la de su propio país, no habiendo ninguna otra enseña. Así mismo, el único personaje político de la Historia de Bulgaria que se reivindicó en las manifestaciones fue Vasil Levski, que viene a significar para Bulgaria lo que supone José Martí para Cuba. Vasil Levski es entendido como el líder de la lucha del pueblo búlgaro contra el Imperio Otomano, su muerte en la horca en 1873 por la liberación nacional de Bulgaria encarna a todos los patriotas búlgaros que lucharon por su país contra el yugo otomano y por “una República pura y sagrada”.

         Si el recibo de la luz fue el detonante de la ira social acumulada esta dio paso a calificar en la calle como “mafia” a la estructura política búlgara actual. No fue este calificativo un ejercicio de extremismo verbal sino la sencilla constatación para la mayoría social de que el capitalismo salvaje campea a sus anchas por Bulgaria y que sus servidores políticos están en el gobierno. De aquí se pasó a exigir trabajo, otra constitución –se quemaron en la calle ejemplares de la actual- y un cambio político y social. Pero aquí empiezan los problemas de estrategia política de la mayoría social del pueblo búlgaro, de su clase trabajadora, ¿qué tipo de cambio y cómo se conquista?

Después del derrumbe de la República Popular (1946-1990) la ciudadanía búlgara ha votado por diferentes partidos en la búsqueda de unas dignas condiciones materiales de existencia que no llegan, la última ha sido la de Ciudadanos para el Desarrollo Europeo de Bulgaria, GERB, el partido del derribado Boiko Borísov y del actual Presidente de la República, Rosen Plévneliev. Que este partido, sin tradición política, haya conseguido la mayoría absoluta en las pasadas elecciones parlamentarias ya es un síntoma evidente del hartazgo que tiene la ciudadanía de la política del bandidaje social. En la historia política de la actual República no ha sido la primera vez que el electorado se engancha a un partido de reciente formación buscando un horizonte social, en julio de 2001 ganó las elecciones legislativas un partido que había sido creado unos pocos meses antes, en abril, el Movimiento Nacional Simeón II, NDSV, el partido que creó el ex rey derrocado por un referéndum en 1946, un día antes de la proclamación de la República Popular liderada por Georgi Dimitrov, dándose así el caso de un ex monarca como presidente de gobierno de una Republica.

De los otros partidos importantes en la vida parlamentaria anotar que el partido de la minoría turca-búlgara, Movimiento de Derechos y Libertades, DPS, está solidamente instalado entre sus electores, y Ataka, un partido de la extrema derecha, racista, directo opositor de la comunidad turca-búlgara, tiene un electorado patriotero muy importante. El Partido Socialista búlgaro, BSP, da la sensación de ser el partido político más estructurado de Bulgaria, su líder Sergei Stanishev es un político de la vieja escuela, su padre fue miembro del Buró Político del Partido Comunista búlgaro, BKP, del que salió el propio BSP. Este partido no tiene ninguna pretensión socializante lo cual no es de extrañar porque proviene del partido que lidero la restauración del capitalismo y, además, no ha tenido ningún empacho en formar coalición de gobierno con el partido del ex rey Simeón. A pesar de lo dicho es posible que tenga una subida electoral importante, su líder dijo enseguida que estaba a favor de las elecciones anticipadas.

En Bulgaria empezó oficialmente la contrarrevolución el 10 de noviembre de 1989 cuando el Comité Central del BKP, siguiendo las directrices de  Petar Mladénov, destituyó a Todor Yivkov de los cargos de Secretario General del partido y de Presidente de la República Popular. Todor Yivkov no comulgaba con las directrices de Mijail Gorbachov y por eso fue apartado del poder. Este cambio fue un giro que supuso el paso del socialismo irreal al capitalismo salvaje. La restauración del capitalismo en Bulgaria, en su versión bárbara, fue calificada por los “demócratas” del mundo entero como una transición a la democracia. En la teoría había otra opción, derribar a Todor Yivkov para girar a su izquierda, es decir, para traer el socialismo democrático. Para esto “sólo” hacía falta una revolución política porque la economía estaba estatalizada y bastaba con socializarla a la par que se socializaba la vida política. No obstante esto no fue ni contemplado por la dirección del BKP ya que su nomenclatura había perdido cualquier veleidad revolucionaria, es más, fue una parte de ella la que encabezó la restauración al capitalismo. En este proceder tuvo un papel público muy relevante Petar Mladénov aunque al cerebro de esta operación puede haber sido Andrei Lukánov que si bien cuando se derribó a Todor Yivkov no formaba parte del Buró Político del BKP fue el último jefe de gobierno de la República Popular, y no precisamente para frenar la restauración. Su asesinato en 1996 en el centro de Sofía y a plena luz del día aún es hoy un deseado enigma social para los políticos, pero de lo que no hay ninguna duda es que los de su bando acumularon riquezas quedándose o vendiendo las empresas estatalizadas y el suelo búlgaro, que dieron el paso de usufructuarios de la riqueza nacional a propietarios de ella.

La “transición” sólo le ha permitido a Bulgaria convertirse en uno de los países más pobres de la Unión Europea, ser una buena base militar del ejército de los Estados Unidos en los Balcanes y seguir dependiendo del gas y del petróleo rusos –la empresa rusa Lukoil, que está manifiestamente presente a través de sus gasolineras por toda la geografía de Bulgaria, refina el 70 por 100 del petróleo en suelo búlgaro. De este modo, Bulgaria ha pasado de satélite de la URSS a satélite de varias fracciones del capitalismo internacional con la diferencia que antaño la Unión Soviética le daba muy por debajo del precio de mercado petróleo y gas y hoy su ciudadanía no gana para pagar la factura de la luz.

La caída de la República Popular no es agua pasada en Bulgaria, tiene implicaciones en el presente y estas son muy negativas para la mayoría social. El régimen de socialismo irreal no sólo no trajo el socialismo sino que lo desprestigió para mucho tiempo y esto hoy pesa como una losa en la política búlgara, de tal forma que al capitalismo salvaje no se le puede oponer el socialismo democrático porque el comunismo como idea-fuerza emancipadora está absolutamente desacreditado en Bulgaria. De esta forma, la mayoría social búlgara se encuentra que no quiere este régimen de capitalismo salvaje pero no sabe cómo salir de él ya que el socialismo no es ni tan siquiera una opción teórica para la mayoría social.

Las elecciones anticipadas serán en mayo, organizadas por un gobierno aparentemente tecnócrata. La prensa señalaba el supuesto deseo del Presidente de la República, Rosen Plévneliev, que fue abucheado estrepitosamente en la manifestación de Sofía del domingo 24, de buscar “un premier tecnócrata sin ambiciones políticas”, casi nada. Es más que posible que la latente izquierda social búlgara no pueda presentar ninguna alternativa política por lo que el juego político volverá a girar alrededor de los partidos parlamentarios ya existentes, por lo que es probable que el partido de Boiko Borísov, GERB, pierda la mayoría absoluta y el BSP de Sergei Stanishev incremente sus diputados. Después vendrán las combinaciones para formar gobierno, una  de ellas tendría al BSP y al partido de la minoría turca-búlgara, DPS, como socios.

La dimisión del gobierno puede ser sentida por la mayoría social como una victoria política, aunque la dimisión tan rápida de Boiko Borísov se puede interpretar también como una ágil respuesta política para no desgastar más a su propio partido. Ahora bien, las manifestaciones han sido un clamor social contra el bandidaje político y esto puede traer implicaciones en el terreno político. La pregunta es si la parte más dinámica de la mayoría social está gestando una respuesta política al capitalismo salvaje. Una modesta pancarta pedía “priaka demokratsia” (democracia directa), puede ser un indicio en este país de rosas.

Modificado por última vez en Viernes, 08 Marzo 2013 22:20

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