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15 Mar 2013

Robert Castel, metamorfosis de lo social

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El martes, día 12, dejó este mundo, tras una larga enfermedad, quien tanto se había preocupado por él, y su mejora. Nacido en un barrio obrero de Saint-Pierre-Quilbignon (Finistèrre), cerca de Brest , el día 27 de marzo de 1933, su primer oficio fue el de mecánico en una fábrica...

Heridas tempranas y profundas debidas a la muerte de su madre cuando él contaba con la edad de diez años, y el suicidio de su padre dos años después, en 1945. Fue más tarde cuando asomó la vocación de los estudios -no los de formación profesional que ya había realizado, y practicado - y así se inclinó por la filosofía. Pierre Bourdieu, que precisamente también se había licenciado en tales estudios- y tanto los combatió, dicho sea al pasar- le empujó hacia los estudios de sociología, realizados inicialmente a la sombra de quien entonces era el santón de la disciplina, el liberal Raymond Aron; en tal disciplina brilló con distintos trabajos, ejerciendo la docencia primero en la mítica facultad de Vincennes, después en su heredera Paris VIII- Saint Denis para finalmente convertirse en uno de los pilares de EHESS ( École des hautes études en sciences sociales). Sin lugar a dudas el primer “mecánico” que accedió a tales estancias a ocupar puestos de responsabilidad, no para realizar labores de mantenimiento, claro.

Su trabajo, que le abrió las puertas a los lectores de a pie en general y a los especialistas en particular, fue el dedicado al <<orden psiquiátrico>>(1977); ya anteriormente se había enfrentado al dominio asfixiante de la <<galaxia psi>> en su << Le Psychanalisme>> ( 1973) y posteriormente ahondaría, en la misma onda crítica, en su << La Société psychiatrique avancée : le modéle américain>>(1979) . Eran los tiempos en que la sombra de Michel Foucault y sus intempestivos estudios sobre la <<historia de la locura>> habían ampliado el conocimiento, o cuando menos la preocupación, de estos asuntos más allá de los ámbitos de la especialización; la anti-psiquiatría de los Ronald Laing y David Cooper hacían furor y el <<abajo los muros>> de los Franco Basaglia, François Tousquelles y compañía estaban igualmente en plena ebullición; su postura se posicionaba frente a la <<tutela>> apostando por la psiquiatría de <<sector>>. Más adelante todavía participaría en algún seminario de Michel Foucault, a pesar de lo cual no se le puede considerar como un seguidor fiel del autor de <<Vigilar y castigar>>, si bien la admiración mutua no cesó en ningún momento, y la colaboración tampoco. Si la obra nombrada ya supuso cierta conmoción en los medios psiquiátricos, y cierto desprecio por parte de las luminarias de dicho campo que como suele suceder disparan contra quienes, intrusos y furtivos, se atreven entrar dentro de sus lindes, sus obras siguientes siempre se movieron a pie de los problemas de los ciudadanos, de los desprotegidos, haciendo que la sociología perdiera su aura de disciplina especializada y alejada del personal, hasta convertirla, a través de sus sagaces libros, en lectura frecuentada por el común de los mortales lectores, aun siendo ajenos a los saberes académicos. ¿Cómo no recordar, por ejemplo, sus intervenciones con ocasión de las revueltas de las banlieues? O ¿todos sus trabajos que comenzando por la historia del salariado acabaron con en análisis del precariado y los avances de la solidaridad? Par muestra su último botón que ha salido al mismo tiempo que él fallecía: << L´Avenir de la solidarité>>, en colaboración con Nicolas Duvoux ( PUF, 2013).

<< Informatización y psicologización son los dos polos complementarios de los técnicos de gestión de lo social en una sociedad liberal>>, afirmaba allá a principios de los ochenta, y contra todos los sistemas de control y disciplinarios alzó la voz en solitario, intentando mostrar las implicaciones políticas de estas <<técnicas del yo>> ( con sus extensiones al entorno familiar), e igualmente clamó en compañía de los Gilles Deleuze, Michel Foucault, Jacques Donzelot, Pierre Bourdieu y otras voces del pensamiento crítico.

 

Decía Gabriel Celaya que la insatisfacción es de izquierdas, y afirmaba Castel refiriéndose a su colega Bourdieu ( <<Entre la contrainte sociale et le volontarisme>> in La liberté par la connaissance. Pierre Bourdieu ( 1930-2002)>>. Odile Jacob, 2004), tomando unas palabras de Éric Weil que << el hombre es un ser descontento, pero que está descontento de su descontento >>…tal diagnóstico podría aplicársele a él mismo, que siempre mostró su descontento sin aspavientos, con claridad -como lo hizo como lo mostró en 2004 en el Círculo de Bellas Artes madrileño ( <<Pensar y resistir. La sociología crítica después de Foucault >> - y con un inequívoco deseo de caminar entre las posiciones radicales ( plasmadas en sus amigos Bourdieu y Foucault, que era indudable que habían abierto pistas nuevas al estudio y análisis de nuestras sociedades), y las componendas reformistas que solo ofrecen provisionales parches, apostando por un <<reformismo de izquierdas>> (conste que nada que ver con las bobadicas socialdemócratas, puro neoliberalismo de izquierdas, y desde luego más allá que el canto de cisne de Daniel Cohn-Bendit con su reciente <<reformismo subversivo>>) , que luchase por lograr una <<seguridad social mínima garantizada>>, que hiciese que los creadores de la riqueza -los trabajadores en especial- de una sociedad sean protegidos de las habituales embestidas ( recortes, movilidad, mutaciones en los puestos de la producción, etc.), y hacer operativo un <<modelo de sociedad moderna y solidaria de la que nadie quede excluido>>…sin olvidar, en ningún momento, el germen de utopía necesario para mantener la esperanza de contribuir a mejorar el curso del mundo>>. Así lo mantuvo Robert Castel hasta el martes, luchando por la elaboración de nuevos derechos e intentando desarrollarlos, manteniendo su fuerza para evitar lo que pretende el reformismo de derechas: recortar, deshacer, eliminar los derechos existentes , sin olvidar que cualquier transformación política exige la existencia de fuerzas sociales que hagan suyas las ideas críticas, y siendo consciente de que a pesar de que tales fuerzas que se oponen a la hegemonía de las relaciones de dominación existen, no tienen la fuerza suficiente como para abolir las actuales relaciones de dominación, y, en consecuencia, mostrando la necesidad de preguntarse si existen otras formas de resistencia más limitadas, puntuales y reformistas , menos heroicas y radicales, que puedan conectar con un pensamiento cabalmente crítico, siempre inclinado por la vertiente del bricolage más que de la grandilocuente arquitectura. En él parecía cumplirse, al pie de la letra, la distinción que precisamente estableciese entre intelectuales "universales" e intelectuales “específicos”, no cabe duda de que nuestro hombre pertenecería al conjunto de los segundos sin que ello supusiese que se desentendiese de las preocupaciones generales del mundo de la emancipación.

 Adieu Robert Castel, que la terre te soit légère !

Modificado por última vez en Lunes, 18 Marzo 2013 00:16

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