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Martes, 06 Mayo 2014 00:57

Polémica sobre la unificación marxista

Escrito por Santiago Carrillo y Joaquín Maurín
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Presentación de una obra que representa uno de los momentos estelares en la historia del movimiento obrero español. Del proyecto de creación un partido marxista unificado contra el fascismo y abierto a la unidad con la CNT.

Presentación de Polémica sobre la unificación marxista, por Santiago Carrillo y Joaquín Maurín

Pepe Gutiérrez-Álvarez

El movimiento obrero español fue la respuesta organizada a una estructura social atrasada y brutal en la que los trabajadores y las trabajadores, literalmente no eran nada. Dicha respuesta conoció su primer “ensayo general” con la I República que demostró al menos dos cosas, que la oligarquía consideraba que las libertades podían ser utilizadas contra ella, y que la burguesía liberal temía más al laboralismo en ciernes que a la reacción. De ahí que optó por un “compromiso histórico” conservador-liberal en el que la monarquía, con la ayuda primordial de la Iglesia derivada de Trento y de los cuerpos represivos siguió funcionando hasta el agotamiento que permitió la llegada de la II República.

El proletariado militante español se estructuró bajo la inspiración de la Primera Internacional cuyo cisma marxista-anarquista dio lugar a dos sectores diferenciados que raramente coincidió en la acción, el socialismo de referencias marxistas según la vulgata creada por la Internacional socialista clásica (1889-1914) y el anarquismo, reinventado como CNT en 1911 con una vertiente “antipartido”, la FAI, creada en 1927. Estas dos grandes corrientes lograron unos altos niveles de organización e influencia que culminaron durante la República en tres fases, la del bienio republicano-socialista (1931-1933), la del “bienio negro” reaccionario y la del Frente Popular y la guerra civil…ambas formaciones trabajaron por su propio proyecto, el reformista y el sindicalista revolucionario, sin plantearse seriamente la posibilidad de un acuerdo básica, a lo máximo, en los congresos cenetistas era obligado efectuar alguna referencia a la unidad con la UGT, siempre que esta rechazara su relación con el PSOE o sea que dejara de ser lo que era.

Estas dos grandes opciones coincidieron en momento claves como lo fue la huelga general de agosto de 1917, cuya derrota fue interpretada por el primer PCE como una muestra de que había que trabajar por una alternativa que unificara al movimiento obrero y a sus aliados en un frente común. En este terreno se situaban plenamente los debates en la III Internacional sobre el frente único , singularmente en su tercer y cuarto congreso desde los que se rectificaba la llamada “línea de ofensiva” que había demostrado en el cuadro de las crisis revolucionarias que siguieron la revolución de Octubre (en Alemania 1918-1919, Hungría 1918) sus limitaciones.  Las clases dominantes habían aprendido de la experiencia rusa y no dudaron en utilizar a la derecha socialdemócrata como una última barricada en base a promesas de “democracia social” que en Alemania y Austria serían abandonadas en el momento en el que la revolución se replegaba. Luego vendría la reacción y la  “contrarrevolución preventiva” escenificada por el fascismo en Italia.

Hasta 1933 al menos,  las dos grandes formaciones de masas siguieron trabajando con sus propuestas clásica y contrapuesta. Mientras que el PSOE apostó por una coalición con los republicanos sobre criterios reformistas que en 1933 ya no daban más de sí, sobre todo ante la agitación y la recomposición de las derechas reaccionarias, la FAI imponía en la CNT una línea de “gimnasia revolucionaria” cuyo heroísmo no podía ocultar su dimensión delirante. Aquel mismo año tiene lugar el evento histórico más importante del siglo XX después de la revolución de Octubre: la victoria del partido nazi que se había abierto paso gracias a la “guerra fría” entre socialdemócratas apegados a la legalidad “progresista” de la República de weimar y un partido comunista estalinizado o sea enloquecido, que siguiendo los criterios de Stalin consideran a la socialdemocracia como “hermana gemela” del fascismo y pregona que después de Hitler, será la hora de Ernst Thälmann.

Fracaso de la coalición republicano-socialista,  ascenso irresistible del nazismo que “enamora” a las derechas monárquicas y reaccionarias que entiende la experiencia alemana como una demostración de que es posible liberarse de la pesadilla de las agitaciones sociales, del “peligro rojo”…Nadie como León Trotsky ha analizado y advertido sobre  este desastre. Sus artículos son publicados por sus partidarios y escuchados muy seriamente entre los sectores radicalizados del PSOE y la UGT a los que trata de conducir el veterano Largo Caballero con la ayuda de un equipo de intelectuales presidido por Luís Araquistáin –embajador español en Alemania en la fase final de Weimer-, pero sobre todo por las Juventudes Socialistas que también aquí en España conocen un proceso de crecimiento y radicalización. 

Una radicalización que también se ha operado en el Bloque Obrero y Campesino liderado por Joaquín Maurín que conecta los artículos de Trotsky con sus propias reflexiones situadas en la línea del tercer y cuarto congreso de la Internacional Comunista. Fruto de esta convergencia será la Alianza Obrera que, aunque fracasada, será la tentativa más ambiciosa y unitaria de un movimiento obrero que en Cataluña no duda en plantearse colaborar con Companys y ERC en aras de los derechos democráticos nacionales. Asturias demostrará hasta donde podía llegar el UHP (¡Uniós Hermanos Proletarios¡), Cataluña por el contrario, demostrará las consecuencias del sectarismo faísta…La derrota produce un movimiento de reestructuración proletaria. La CNT se reunifica en mayo de 1936 en Zaragoza soñando con sus variantes de comunismo libertario. Por su parte, el PSOE de Largo Caballero trata de convencer a bloquistas y trotskistas para que ingresen en su seno, que sean la sección catalana socialista bajo sus propios criterios. Se trataba además de contrarrestar a la derecha socialista, y  Caballero-Carrillo llegan a aceptar condiciones propias de tendencias, el caso no era comparable al de los trotskistas en la SFIO. Será en este escenario donde tiene lugar la polémica entre Santiago Carrillo y Joaquín Maurín que acabará en un doble desencuentro.

En medio de este curso, la URSS y por lo tanto, el Komintern, operan un giro unitarista aunque bajo unos criterios coherentes con la política exterior de Stalin que pasa por un acuerdo con las potencias democráticas, por anteponer la “revolución democrática” a una revolución social que se convierte por arte de birlibirloque en una aventura que le hace el juego…al fascismo. Seguramente nadie como Carrillo (o Joan Comorera, su futura víctima) representará este giro después de un viaje a Moscú del que volverá totalmente cambiado. El mismo Carrillo que ayer insistía en que los “camaradas trotskistas y bloquistas” eran los marxistas más preparados, será el que en un mitin en Valencia a finales de 1936 cambie el discurso para ponerlo a la hora de los procesos de Moscú.

Indignados,  el POUM recopilará los textos del debate entre Carrillo y Maurín y los publicará con un prólogo de Jordi Arquer que sustituirá a Andreu Nin en la secretaria política. El librito será recuperado en 1978 para una edición mallorquina de José J. de Olañeta editor con un prólogo de Ramón Molina (¿) escrito en clave que podíamos llamar “trotskista vulgar” o sea desde una óptica en la que lo que escribió Trotsky sobre la guerra de España resulta fuera de cualquier duda. En esta edición hemos sustituido el texto de Molina por el capítulo que Iveline Riottot dedicó a la polémica en su imprescindible biografía, Joaquín Maurín o la utopía desarmada (en una magnífica edición coordinada por las universidades de Reims y de Zaragoza) y que es hasta el momento el trabajo biográfico más elaborado sobre Joaquín Maurín, que entre 19133 y 1936 fue el más lúcido e inquieto de los marxistas hispanos amén del “alma mater” del BOC y por lo mismo, del POUM.

 Pepe Gutiérrez-Álvarez

 

Visto 1182 veces Modificado por última vez en Martes, 06 Mayo 2014 11:04

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