kaosenlared.net

sehansuscrito163  quedan837 Objetivo 1000 suscriptor@s! 
27 Jun 2013

La filosofía del Carpe Diem y el sinsentido en la sociedad consumista/capitalista

Escrito por 
Valora este artículo
(10 votos)
Creer que el valor de la persona viene dado por su capacidad para darse valor a sí misma a través de la adquisición de propiedades y bienes materiales, ha convertido al sujeto en la marioneta de un sistema que no lo ve de otra forma que como una mera cifra en su cuenta de resultados económicos.

La mitología capitalista cobra vida y se hace mundo a través de nuestras propias experiencias vitales. Vivimos para servir al Dios-mercado y nos sentimos, por lo general, orgullosos de ello. No nos importa entregar nuestra libertad en bandeja de plata a quienes hacen de la sociedad su gran negocio. De hecho, pensamos que viviendo como vivimos es imposible que tal cosa pueda ocurrir, que somos libres como nunca antes lo hemos sido; que nuestras vidas son una manifestación constante de nuestra voluntad de poder: de poder ser nosotros mismos a través de nuestra relación con nuestras posesiones, a través de nuestra afirmación del propio valor ejemplificada en nuestra capacidad para adquirir propiedades, disfrutar de ellas y poder mostrarlas a los demás. De esta manera afirmamos la vida en el presente, construimos caminos hacia la autorrealización personal y creemos volver nuestra existencia creativa.

Nosotros mismos nos damos el valor que creemos merecer, a través de las posesiones que hacemos nuestras, simplemente con aplicar los códigos de valoración que hemos interiorizado previamente como mecanismos para la valoración social. Nos sentimos tan libres, que hasta creemos llevar a cabo una vida donde somos nosotros mismos quienes nos damos nuestros propios valores de vida mediante nuestro propio poder de creación, y no porque hayamos aceptado ningún tipo de imposición externa. Vivimos cada momento como si fuera el último o, cuando menos, con esa pretensión. Carpe diem: “un instante de plenitud puede dar sentido a la vida entera”.

Lo único que importa es la temporalidad, el aprender a vivir cada instante como si éste debiera repetirse eternamente, huir despavoridos de toda muestra de sufrimiento y glorificar el placer del momento como lo único verdaderamente importante.

Con ello, las personas dan sentido a sus vidas en relación a los códigos sociales y culturales que son propios de la hermenéutica consumista-capitalista, un sistema que exige del consumo desenfrenado para su normal subsistencia. Comprar, usar, tirar, volver a comprar y así indeterminadamente. Cuanto más propicio sea el sujeto a gozar de los placeres fugaces e inmediatos de la vida, a obtener placer del hecho mismo de comprar y/o consumir algo, mayor será la posibilidad de que sea un sujeto apto para lo que la infraestructura económica demanda de él.

Ello sirve también para que se adhiera emocionalmente al sistema y no lo cuestione, pero eso no quiere decir que lo convierta en una persona satisfecha.

La insatisfacción vital es, de hecho, cada día más evidente en millones y millones de personas. Que uno obtenga sus respuestas de sentido a través de los códigos simbólicos imperantes, que no los cuestione y que trate de vivir conforme a lo que se desprende de ellos, no quiere decir que necesariamente le satisfagan. Simplemente pone de manifiesto que tales códigos le son impuestos como camino único de sentido y no ha querido, no ha podido o no ha sabido buscar otras alternativas que le pudieran ser más satisfactorias.

Incluso en las situaciones donde es más evidente que ha sido la asunción de tal código de sentido lo que conducido a la persona a desarrollar tal insatisfacción vital -que es muestra final de un acuciante sinsentido-, la falta de alternativas, o el hecho mismo de haber usado tal código de sentido como instrumento de valoración para su propia vida, le impiden salir del círculo vicioso marcado por la hermenéutica de sentido consumista-capitalista.

Vivir el momento y aspirar a que tal vivencia sea convierta en eterna, no lo ha hecho libre, sino esclavo. No lo ha hecho feliz, sino desdichado. Creer que el valor de la persona viene dado por su capacidad para darse valor a sí misma a través de la adquisición de propiedades y bienes materiales, no lo ha convertido en un ser capaz de dar sentido, por sí mismo, a su propia existencia, sino en la marioneta de un sistema que no lo ve de otra forma que como una mera cifra en su cuenta de resultados económicos.

Renunciar a formar parte de utopías emancipadoras o de proyectos de sentido expresados en términos religiosos clásicos, no lo ha convertido en el creador de su propia vida, sino en el fiel reflejo de una sociedad cada vez más injusta y deshumanizada.

El sinsentido crece a pasos agigantados entre los miembros de la sociedad y con él los sentimientos de insatisfacción y frustración que le son propios. El culto al dinero y al placer no han podido suplir las demandas de una vida plena, con sentido más allá de lo objetos materiales. Surge el sinsentido de la nada, desvinculada del ser y aferrada al tener como única forma de llenar ese vacío existencial, la carencia de valores y metas que dan significado al proyecto vital, o, cuando menos, la insatisfacción con las interiorizadas como proyecto único de sentido -según determinan los códigos simbólicos y culturales propios de la sociedad-.

La cuestión central que se plantea aquí no es, entonces, tal y como muy acertadamente observase Fromm hace ya más de 70 años, justo cuando el consumismo/capitalismo estaba apenas naciendo como tal, un mero asunto monetario o económico, sino más bien una cuestión de sentido de la vida, una problemática existencial que afecta a la vida de los sujetos y acaba repercutiendo en sus expectativas de cara a una supervivencia útil y satisfactoria:

 “Nos hemos transformado en autómatas que viven bajo la ilusión de ser individuos dotados de libre albedrío. Tal ilusión ayuda a las personas a permanecer inconscientes de su inseguridad, pero ésta es toda la ayuda que ella puede darnos. En su esencia el yo del individuo ha resultado debilitado, de manera que se siente impotente y extremadamente inseguro. Vive en un mundo con el que ha perdido toda conexión genuina y en el cual todas las personas y todas las cosas se han transformado en instrumentos, y en donde él mismo no es más que una parte de la máquina que ha construido con sus propias manos. Piensa, siente y quiere lo que él cree que los demás suponen que él deba pensar, sentir y querer, y en este proceso pierde su propio yo, que debería constituir el fundamento de toda seguridad genuina del individuo libre […] La consecuencia de este abandono de la espontaneidad y de la individualidad es la frustración de la vida. Desde el punto de vista psicológico, el autómata, si bien está vivo biológicamente, no lo está ni mental ni emocionalmente. Al tiempo que realiza todos los movimientos del vivir, su vida se le escurre de entre las manos como arena. Detrás de una fachada de satisfacción y optimismo, el hombre moderno es profundamente infeliz; en verdad, está al borde de la desesperación[1].

Si analizamos los datos de los hombres y mujeres que se ven afectados por algún tipo de patología de la psique en nuestras sociedades, y cuáles suelen ser las principales enfermedades que les afectan (depresión, stress, ansiedad, etc.), no es demasiado arriesgado concluir que Fromm estaba en lo cierto o, lo que viene a ser lo mismo, que el principal problema existencial que afecta hoy a nuestros conciudadanos (en el mundo capitalista) es una cuestión de sentido, es decir, un problema no exclusivo del ámbito de lo material, sino arraigado también en el ámbito de la existencia cotidiana, de la autorrealización personal y del cumplimiento con las expectativas fijadas por la sociedad, tanto en el plano laboral/económico como en el personal/existencial.

La presión a que la sociedad capitalista somete a sus ciudadanos, a través de una serie de exigencias relacionadas con una vida de éxito, los valores estéticos o la realización de las metas sociales y familiares prefijadas, es una carga excesivamente dura de aguantar para millones de ciudadanos que, además, al haber sido incorporadas tales exigencias como norma de sentido para la vida, no tienen otra alternativa existencial a mano a partir de la cual poder mirar hacia adelante, pues tal camino es presentado, por el proceso de socialización general, como el único viable, como la única forma posible de alcanzar, dentro de la sociedad consumista, una existencia que cuente con la aprobación y el reconocimiento generalizado de nuestros conciudadanos. Es el reflejo de una hermenéutica de sentido que se nos impone de manera violenta y como único camino posible. Una espada de Damocles que amenaza nuestras cabezas cada día de nuestras vidas.

Estamos adormecidos por nuestro particular opio del pueblo, por los efectos de la religión consumista-capitalista sobre nuestras mentes. Cuando el sujeto encuentra el sentido de su vida a través de su vinculación al orden social establecido y lo que éste le ofrece como metas y objetivos vitales, deja en un segundo plano su condición social o, mejor dicho, aunque sea consciente de que está sufriendo una injusticia, la justificará y aceptará como una variante más del sentido que le es propio como ser existencial.

La alienación no es más que el modo con que las clases explotadas tienen de responder satisfactoriamente a los códigos de sentido impuestos en la vida social, mediante toda una serie de estructuras culturales, por los intereses de las clases dominantes al global de la sociedad

Códigos de sentido que son impuestos mediante la violencia simbólica sistemática y diaria, y aunque generen cada vez un mayor sinsentido -con sus correspondientes efectos sobre la vida de las personas-, de momento ello ha servido para que aumente el número de personas que presentan todas esas problemáticas existenciales que hemos señalado, pero no para que haya una mayor consciencia de la necesidad de llevar a cabo un cambio de sistema.

¿Qué pasará en el futuro?, ¿seremos capaces de convertir todo este sufrimiento en apoyos a una causa revolucionaria?

Esa es otra de las grandes tareas, si no la que más, que tenemos pendiente en lo inmediato desde la izquierda...

[1] E. Fromm (2002): “El miedo a la libertad”. Paidós. Barcelona.

Modificado por última vez en Jueves, 27 Junio 2013 19:02

Comments  

+1 #11 Martinez 2013-06-29 10:38
A veces no alcanzo a entender, muchas opiniones presentes, sera que necesito ese castellano sencillo y defectuoso, pero eso si saco en conclusion que la Justicia Social es muy necesaria entre nosotros los humanos, estemos donde estemos, en esta transitoria y corta vida, que bonito seria que todos tuvieramos lo necesario y nada mas, sin ser esclavos del consumismo incomprensible. Salud
-1 #10 Cthulhu 2013-06-28 23:07
española. La mayoría de la gente en este país no pertenece a la alta burguesía aburrida en comprar propiedades, a ver si la compra mayor y más lujosa que la del vecino, sino de gente que paga una casa más o menos decente e intenta colocar a unos hijos,... Aparte de estudiar, España es el país europeo donde hay más estudiantes universitarios per cápita. La gente en España no es consumista más que lo que puede.
+1 #9 Yuste 2013-06-28 14:05
Van a la esencia de las dificultades de por qué cayendo la que está cayendo el sistema tiene aun la iniciativa por el momento; y estos articulos dan una explicacion clara de por qué esto es extrañamente así. Van aa la esencia del problema
0 #8 juAnr 2013-06-28 12:21
Buenos días K: en la pantalla de sing up te da la opción de ingresar mediante tu cuenta faceb. y en el caso que no tengas, te registras del modo tradicional y listo: dirección de correo electrónico, nombre y contraseña..etc; el scribd de toa la vida..; aunque como no pesa mucho mira en este link: www.mediafire.com/?gj8rjhgyjz3m93u

saludos.
0 #7 k 2013-06-28 09:23
¿no tendrás otro enlace en el que no haya que pertenecer a facebuk?
Gracias
-1 #6 andres pcia bsas 2013-06-28 01:49
Desde esta optica España estaria, al igual que La Argentina en el 2001, en una situacion inmejorable. La crisis economica aumenta "La Presion" poniendo en jaque los codigos simbolicos de convivencia. La crisis deberia precipitar la salida. En La Argentina hubo reconstruccion de la sociedad y pacto interclasista. Volvimos a la vieja conciliacion de clases peronista. Pero la critica social que soplo a partir de estos gobiernos podria trascender entre los "nuevos talibanes" contrarios a la vieja sociedad. Pero no queda otra que cultivar nuestro propio resentimiento y nuestra etica en el movimiento politico general y crear "islas" entre la inundacion hegemonica.
+1 #5 juAnr 2013-06-27 20:43
Buenas tardes:

Te voy a recomendar un libro, salió el año pasado pero debido a problemas con la editorial y al PVP abusivo, al alcance de muy pocos bolsillos el autor, D. Elías decidió colgarlo en internet de manera gratuita para todo el que quisiera pudiera leerlo, esta titulado:

Alienación, crisis ecológico-económica y regeneración
Esencia, desarrollo y modos de la alienación, y erradicación de ésta en el ecomunismo decrecentista y libertario


http://es.scribd.com/doc/105391501/Alienacion-crisis-ecologico-economica-y-regeneracion

aunque pueda resultar demasiado técnico para el neófito, pocos autores contemporáneos pueden igualarlo en la precisa y certera erudición con respecto a la exposición de los verdaderamente importantes problemas del ser humano en cuanto a ser individual en busca de auto conocimiento y de este, con respecto a la sociedad de la que forma parte, a la vez que la indisoluble relación entre los problemas que afligen a esta sociedad con respecto a la falta de Gnocimiento de nuestra verdadera identidad..; este maestro sin igual escribe en español, para disfrute de los que aún no hemos perfeccionado el inglés; sigue la minería en Fromm.., si algún día te decides a leer el que comento seguro que obtendrás feedbacks de inspiración..; saludos Pedro, juanra
+4 #4 Martín Fierro 2013-06-27 20:26
Si cita a curas con ese apellido, que encima han nacido en Reconquista, provincia de Santa Fe, lo raro es que no esté ya como la niña de "El Exorcista".
+5 #3 Pedro Antonio Honrubia Hurtado 2013-06-27 19:13
Genjuro, lástima que usted necesite de un dueño para poder vivir. Yo prefiero seguir creyendo en las capacidades del ser humano para ser libre ante la historia y ante sí mismo. Solo creo que no lo es ante los demás, porque sus actos influirán sobre aquellos, y actuar como si tal hecho no pasara, no es libertad, es despotismo. Por lo demás, no necesitamos de ningún dueño para existir, y algún día la historia, guiada por la mano de hombres y mujeres verdaderamente genuinos y libres, lo demostrará. Se llama socialismo, sin más.
-7 #2 Genjuro 2013-06-27 18:28
Los hombres y los pueblos podrán rechazar la llamada amorosa del Corazón de Cristo y escupir contra el cielo; pero no pueden cambiar la naturaleza de las cosas. El hombre es un ser dependiente, y si no depende de quien debe, dependerá de quien no debe; si no quiere por dueño a Cristo, tendrá el demonio por dueño. “No podéis servir a Dios y a las riquezas”, dijo Cristo, y el mundo moderno es el ejemplo lamentable: no quiso reconocer a Dios como dueño, y cayó bajo el dominio de Plutón, el demonio de las riquezas.

Leonardo Castellani

You have no rights to post comments