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09 Oct 2014

Niñas y niños con hambre en la escuela

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Hay palabras que al ser pronunciadas nos estremecen y empujan a la acción. Una de ellas el hambre.

Hay palabras que al ser pronunciadas nos estremecen y empujan a la acción. Una de ellas el hambre. La procura del sustento diario para evitar que nos “pique ese bicho que vive en nuestra panza”, además de ser uno de los elementos esenciales que nos ha construido como humanos,  también supone la línea divisoria entre la vida y la muerte. De ahí que nombrar al hambre en las sociedades opulentas sea como nombrar la cuerda en la casa del ahorcado.

El hambre, a fuerza de intentar sacarla del imaginario de los habitantes del “primer mundo”, porque esta realidad debe pertenecer por arte de magia a “otros submundos”, parece que toma venganza histórica y se cuela ampliamente por las puertas de los hogares en los que, teóricamente, debe imperar el estado del bienestar de tod@s y para tod@s.

El hambre remueve todos nuestros sentimientos y produce reacciones emocionales intensas, unas conducentes a su repulsa, otras al rechazo o invisibilización de l@s hambrient@s, aquellas poniendo en marcha mecanismos institucionales para erradicarla del panorama político sin mirar cara a cara a quienes la sufren, algunos lucrándose de ella, y en general las gentes de bien socorriendo en lo inmediato a l@s  hambrient@s, en ocasiones sin abordar las múltiples causas que provocan este inhumano sufrimiento.

Con el hambre pasa como con los genocidios. Relatamos los padecimientos de las víctimas a través de l@s supervivientes y “estudios de campo”. Una vez que se han producido, caemos en la cuenta que no hemos sido capaces de accionar a tiempo para evitarlos. 842 millones de personas no tienen lo suficiente para comer (FAO 2012) 10.000 niñ@s mueren cada día por desnutrición (Acción contra el Hambre 2012) siendo mujeres más de la mitad. Víctimas anónimas en los archivos de las estadísticas.

Y con las niñas y niños de nuestro entorno más cercano: vecin@s, conocid@s, alumn@s… de la ciudad de Madrid, ¿qué está pasando? Este verano de 2014, Gobiernos, prensa y televisión se han enzarzado en un vergonzoso debate acerca de si abrir o no los comedores de las escuelas para dar de comer a l@s menores que lo necesiten. El Gobierno central ha “liberado ayudas de emergencia” como liebre en persecución de los cazadores políticos de las Autonomías a ver quién pilla más trozo del “bicho que pica en la panza”.

Pero aquí vamos a dejar de lado la estéril discusión de si son galgos o podencos para hablar del hambre infantil en Madrid, la desnutrición, los malos y buenos hábitos alimentarios y de salud; de problemas reales relacionados con el sustento de niñas y niños de carne y hueso,  llenos de ingenio y ansias de crecer sanos, pero que viven o sobreviven en un medio social, político, cultural y escolar que camina en sentido contrario a facilitarles su pleno desarrollo.

Tod@s tienen nombre y apellidos, que por respeto a sus biografías serán nombrados con seudónimo. Son de aquí y de allá, hij@s de familias migrantes de todos los continentes y de múltiples etnias. Los testimonios recogidos tampoco se circunscriben a un colegio concreto de Madrid. Son relatos que registran hechos reales, recopilados con rigurosidad desde un trabajo de campo antropológico comprometido con l@s informantes, por tanto, sin separar el objeto y sujeto de la investigación. El relato va en primera persona, pero en verdad responden a un discurso compuesto por múltiples voces.

CAMPAÑA
DÍA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN AGROECOLÓGICA
(16 OCTUBRE 2014)

Alimentar al mundo, cuidar el planeta
Defender la Agricultura Familiar Agroecológica
Garantizar una Alimentación sin Transgénicos ni Agrotóxicos

Modificado por última vez en Jueves, 09 Octubre 2014 15:53

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