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12 Sep 2014

El “incomprensible” afán de independencia del pueblo catalán

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PREGUNTA: ¿Cabe mayor gloria que la de ser español? // RESPUESTA: Pues sí, cabe la gloria de ser libre y ser parte de un pueblo que no quiere oprimir ni ser oprimido.

Para quienes consideran legítimo el ataque armado, la invasión y el dominio de unos pueblos sobre otros, Cataluña es una porción del territorio español y como tal debe ser administrada según normas del gobierno de España. Pero no es así para quienes consideran que toda agresión armada es un crimen y que toda opresión denigra al pueblo opresor y humilla al pueblo oprimido.

Dado que los libros de historia que ha tenido a su alcance la mayor parte de la población española actual están teñidos de nacionalismo español, es difícil que la gente llana no demasiado letrada sepa que la anexión de Cataluña al Estado español nunca fue voluntad del pueblo catalán sino resultado de acciones armadas. De aquí que recomendemos a quienes no entienden el afán catalán de independencia que revisen cuanto llevan aprendido de Historia de España. Para quienes sientan pereza o no sepan cómo informarse debidamente, ahí va un  breve resumen.

En aquellos tiempos en que los pueblos no pintaban nada y sus pobladores eran poco menos que bestias domésticas al servicio de los poderosos, se produjeron pactos y alianzas entre gobernantes que dieron lugar a posteriores organizaciones administrativas, algunas de las cuales alcanzan nuestros días. Pero con el paso del tiempo los pueblos en lucha han logrado modificar la condición de esclavitud a que estaban sometidos y la dignidad humana ha ido ocupando cada vez más el lugar que le corresponde en las relaciones entre gobernantes y gobernados. Bendita sea, pues, la lucha que sirve para dignificar a personas y pueblos.

A pesar de esos avances, son muchas las mentes que todavía aceptan las relaciones de poder como base de las relaciones humanas, con lo cual dan por bueno cuanto se estableció tiempo atrás por la fuerza de las armas. Así los herederos de los golpistas de 1936 nunca han pedido perdón por las muertes y sufrimientos que causó aquella guerra fratricida y dan por buenas las relaciones de poder que ella estableció y su continuidad en tiempos de eso que llaman democracia. Niegan que la actual Constitución Española se estableciese bajo la presión de las fuerzas fácticas del momento en que fue aprobada, entre ellas la del ejército y exigen su cumplimiento a toda la ciudadanía implicada como si de un pacto legítimo se tratara.

Igualmente su concepto de la nación española se fundamenta en hechos históricos en los que el pueblo nunca participó, así como en los resultados obtenidos mediante acciones armadas, tales como la conquista de Cataluña en 1714 por las tropas del Borbón Felipe V, antepasado del actual rey de España que lo es por abdicación de su padre el heredero del dictador Franco. Nada de todo eso tienen en cuenta quienes no entienden el actual afán de independencia del pueblo catalán o se atreven a cuestionar su legitimidad.

Nada tan peligroso como la incultura política. Quienes ignoran la realidad histórica difícilmente podrán entender el hondo sentimiento de nación que une al pueblo catalán, cuya identidad nacional queda reflejada en su lengua y en las múltiples instituciones que los gobiernos de España nos prohibieron a partir del Decreto de Nueva Planta promulgado por el rey Borbón invasor. Apenas nada de eso se restableció en todo lo que llevamos de democracia y aun se empeora día a día con las disposiciones de los sucesivos gobiernos españoles. El pueblo catalán sigue siendo humillado políticamente y expoliado económicamente sin que la organización política del estado le permita defenderse de cuantos abusos de poder se le infringen.

A tal extremo ha llegado la cerrazón de los gobiernos españoles que el pueblo catalán en peso ha dicho basta. Nada queremos de España, pues que nada bueno y sí mucho malo de allí nos viene. Queremos volver a nuestra independencia nacional, a gobernarnos con propias leyes según lo éramos antes de la invasión borbónica de 1714. Somos una nación y tenemos derecho a tener un estado propio y a organizarnos políticamente como mejor nos venga en gana. Y eso lo queremos tanto si lo entienden los gobernantes españoles y esa parte del pueblo español que con unos lamentables principios éticos da por buena la historia tal como la han determinado las fuerzas del poder. Lo queremos y así lo manifestamos año tras año en ese 11 de septiembre que para nosotros tanto significado tiene.

Se acabaron los tiempos de la barbarie y de las imposiciones por la fuerza. Hoy las relaciones humanas, tanto entre personas como entre pueblos y naciones, deben regirse por principios éticos. Quienes quieran seguir haciéndolo por principios bélicos deberán reflexionar sobre ello si quieren merecer ser considerados seres humanos dignos de estima. /PC

 

 

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