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09 Ene 2015

Libertad prensa y humor contrahegemónico

Escrito por  Luca Lucosi
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Creo que las dos cosas -la condena a los viles asesinatos y la críticas durísima a cierto humor tan perjudicial- pueden ir de la mano sin tener que sentirme acosado por la arrogancia de los Fallaci de turno.

Recuerdo que cuando el año pasado la revista Mongolia fue -justamente- objeto de una fuerte crítica por parte de colectivos feministas a raíz de sus viñetas sexistas, se escribían cosas como "La sátira és un registro, género artístico y liguístico que nació y ha sido usado para la crítica social y política a través de la ridiculización. Siempre hay un objeto de crítica, de modo que el humor no se puede entender sin el trasfondo de un posicionamiento político [...] El humor, para ser de izquierdas, debería ser capaz de dar la vuelta a los estereotipos y roles sexistas y patriarcales que nos asigna el sistema capitalista". Frase que comparto al 100%.

Pregunto ahora a quienes hoy en día no hacen más que decir: "libertad de prensa, libertad de prensa, libertad de prensa": ¿repetirían lo mismo también con respecto de Mongolia? ¿Repetirían lo mismo también con respecto de viñetas racistas hacia personas de color? ¿Repetirían lo mismo también con respecto de algún medio de comunicación nazi?

Pues, si es que lo repiten, entonces chapeu, me quito el sombrero. No comparto, pero aprecio la coherencia (aunque en absoluto creo que la coherencia sea un valor incuestionable). Pero, si es que aunque sea sólo en uno de estos casos han puestos condiciones... quizá deberíamos entonces replantearnos que la cuestión de la "libertad de prensa" es algo más complejo. Y sobre todo algo que tiene sus condiciones de existencias, políticas sociales y culturales.

Personalmente estoy muy en contra de que se limite la libertad de prensa mediante medidas legislativas, y hasta estoy en contra de que se limite por ley la existencia de partidos fascistas. Creo que hay que crear las condiciones políticas para que no puedan prosperar, pero que la pura represión serviría sólo para reforzar el aparato estatal. Pero por la misma razón, me considero en derecho de ejercer la más profunda y radical crítica política todas las veces que considere que bajo el paraguas de la "libertad de prensa" y de la "sátira" se hace todo lo contrario de lo que, a mi modo de ver, un humor contrahegemónico y alternativo debería de hacer: desvelar a las contradicciones de los poderosos, destronarlos, quitarles simbólicamente el poder para que no sean invulnerables. En cambio, no me surte la más mínima gracia todo tipo de humor que sea dirigido hacia grupos marginalizados, subalternos, oprimidos, ya sea en nombre de la racionalidad, la ciencia o la religión, y que contribuya a su ulterior estigmatización mediante representaciones estereotipadas, esencialistas y banalidades varias.

Siento muchísimo los sucesos de Charlie Hebdo. Los atentadores han sido unos auténticos criminales. No hay razón alguna que justifique el asesinato de personas inocentes. Pero: no me identifico con el repertorio de humor de Charlie Hebdo, cuando menos con las viñetas que he podido ver y que considero deleznables. ¿Que lo hacen también con respecto del cristianismo: y qué? ¿Acaso los cristianos representan una religión perseguida y desempoderada en el mundo occidental? ¿Se pueden comparar mínimamente las dos cosas? Vamos. Entonces yo ahora me pongo a decir que los asalariados firman libres convenios y nos apuntamos todos a la CEOE.

Creo que las dos cosas -la condena a los viles asesinatos y la críticas durísima a cierto humor tan perjudicial- pueden ir de la mano sin tener que sentirme acosado por la arrogancia de los Fallaci de turno.

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